27 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Otro sistema en bancarrota

Para muchos el sistema penitenciario de Panamá es el refugio de los que no han sabido aprovechar la libertad y las oportunidades que est...

Para muchos el sistema penitenciario de Panamá es el refugio de los que no han sabido aprovechar la libertad y las oportunidades que esta sociedad les ofrece para hacer algo positivo. Para otros muchos también, es la guarida de malhechores, criminales, en su gran mayoría hombres, que no merecen otra oportunidad. Para mí y quizás algunas otras personas, el sistema penitenciario es un sistema en bancarrota que debe reinventarse o morir.

A todos nos cuenta mantener un preso, ahora llamados “privados de libertad”, $30 diarios, según datos de la Contraloría General, esto, multiplicado por la cantidad de presos y los días por año, nos da un total aproximado de $219 millones anuales. Eso es mucho billete. ¿Y qué producimos con todo ese dinero? Pues, más maleantes, hombres y mujeres que matan, roban, hieren, trafican, prostituyen y destruyen la paz, la vida y la moral del ciudadano y del Gobierno que pagan por esta “educación”. Para empeorar esta situación, las actuales y futuras autoridades producen las llamadas leyes de “mano dura”, que aumentan la pena del convicto. Es decir, que nos costará aún más la mal llamada empresa de reconversión social y los hará aún más “educados” en las artes de delinquir. Esto, es como hacer un doctorado y debemos evitarlo.

¿Y cómo recomponer o reinventar estas universidades del delito? Algunas ideas se vienen a mi mente.

Para comenzar, los privados de libertad, no están privados de aprender ni de producir. Deben obligatoriamente aprender y producir algo, es decir, pagar con su trabajo la estadía en este hotel del delincuente. Aprovechando la gran acogida del nuevo INADEH, se deben convertir las cárceles en aulas y los lugares aledaños a las mismas, en centros de producción. Una persona, por muy mala que parezca o que sea, tiene derecho a la oportunidad de aprender un trabajo digno y llevarlo a la práctica para poder tener una real oportunidad de una vida digna.

Los mismos conscriptos pueden aprender construcción, electricidad y plomería y construir los nuevos centros de detención que albergarán cada día a menos residentes. Pueden colaborar con la construcción de viviendas sociales para los policías, para las diversas comunidades y para ellos y sus familias una vez finalizada su pena. Igualmente pueden y deben producir la comida que los alimente, lavar la ropa de los miles de privados y la de los policías que los guardan. Igualmente pueden y deben trabajar en la administración del centro correccional y el mantenimiento de las infraestructuras. Pueden y deben sembrar y cosechar sus alimentos, mantener huertos, corrales y criaderos de animales de patio para su propio consumo y, ¿por qué no?, para la venta al mundo exterior. Pueden y deben mantener y cuidar las áreas verdes en ciudades y Parques Nacionales para sensibilizarse con el medioambiente y el deseo de ser libres.

Con estas y otras actividades la vida de los reclusos será enriquecida y enriquecedora, aprenderán a trabajar y a producir su propio bienestar y el de los demás y se convertirán en hombres y mujeres prácticos para una sociedad que valora a los que producen. Con esto evitaremos devolver a la sociedad a un individuo más peligroso del que entró al sistema, que producirá su propio desarrollo, el de su familia y de la comunidad en la que residirá, reducirá el gasto de la perdida social y de mantenimiento del Estado y evitará que se tomen medidas mucho más fuertes que aumentarles la pena a los privados de libertad.

-El autor es fundador del Grupo Parques Nacionales Panamá.jconte23@yahoo.com