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21 de Jan de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Me encontré con Mrs. Hyde

El viernes pasado recordé una historia que me encantó desde el primer momento que la tuve en mis manos: “La extraña historia del Dr. Jek...

El viernes pasado recordé una historia que me encantó desde el primer momento que la tuve en mis manos: “La extraña historia del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”. El Dr. Jekyll era un científico que luego de tomar una pócima se transformaba en Mr. Hyde, un cambio radical de personalidad, de lo agradable a lo repulsivo. Me la hizo recordar la primera dama de la República, Vivian Fernández de Torrijos, mientras le hacía una entrevista. Quizás la entrevista más accidentada de mi vida.

Todo comenzó cuando solicitamos una entrevista con la señora Torrijos para que nos contara lo que le estaba dejando su despacho a la nueva primera dama, la señora Marta de Martinelli.

Por lo que pude ver, Vivian de Torrijos pensó que sería una entrevista rosa, cosa que ningún periodista que se respete, y menos si tiene a su cargo la sección política de un periódico, se debe permitir.

Luego de las preguntas de rigor y con las que entrábamos en calor Vivian de Torrijos me dejó entrever un aspecto que muy pocos conocen de su personalidad. Se fue transformando a medida que mis preguntas le incomodaban.

Nunca pensé que le molestaría hablar de temas como la desaparición de las estatuas de antaño y la situación política de su partido. Ella se ha involucrado en temas políticos cuando se hizo llamar “la mejor ficha de Martín Torrijos”.

La intención de la entrevista era meramente informativa. Obviamente la señora Torrijos no la vio así y se sintió ofendida cuando las preguntas llegaron a la arena política y, al parecer, tocaron su fibra íntima, la primera dama exigió que se apagara la grabadora y dio por terminada una entrevista que había empezado en tono amable.

Empecé a sentir su molestia cuando le pregunté que quiso hacer que no logró. “Me hubiera gustado ayudar a los ministros de Educación y de salud. Dejar a la población una ley de salud sexual y reproductiva, se debe llevar este tema otra a vez al tapete. Dudo mucho que lo hagan”, dijo ella.

“¿Por qué?” era la pregunta lógica, ella contestó, “Porque el Gabinete Social no está compuesto por personas que creen en la educación sexual”.

“¿Se falló en esos nombramientos?”.

“Yo no estoy diciendo que se haya fallado en ningún nombramiento. No pongas palabras en mi boca que no he dicho”.

“También se le cuestionó el papel que jugó en el tema de las estatuas. Se dijo que...”. “¿Qué papel jugué?”, me contestó en tono agresivo.

Le digo yo: “Exacto, no jugó su papel, no se vio que hiciera algo como primera dama para que el tema de las estatuas se dilucidara”.

“¿Y acaso yo soy fiscal?”, siguió más agresiva.

“No, pero era la jefa de la persona que estaba a cargo de las estatuas”.

“¿Y qué tenía que hacer yo? ¿aparecerlas? ¿o castigar a los que las robaron?”, ripostó muy molesta.

Seguí tratando de hacer mi entrevista, de pronto se levantó y me pidió que apagara mi grabadora. Me dijo: “Muy malo de tu parte hacer preguntas que no me dijeron que me harían”.

Parece que durante estos cinco años la primera dama de la República no ha entendido que cuando se es una persona que sirve al Estado, se está obligada a hablar de su trabajo.

En ningún momento le pregunté de su vida personal con su esposo. Si así hubiera sido yo habría entendido su molestia. Para acabar movió todas sus influencias para evitar la publicación, lo logró. Además, se atrevió a llamar a mi celular personal para preguntarme cómo me iba con la noticia. Evidentemente ya ella sabía lo que había pasado.

-La autora es periodista.mayari28@hotmail.com