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18 de May de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Renovación de la educación

Corresponde al Estado panameño, luego del lamentable colapso del sistema educativo vigente, iniciar sin dilación un proceso de renovació...

Corresponde al Estado panameño, luego del lamentable colapso del sistema educativo vigente, iniciar sin dilación un proceso de renovación de la Educación Nacional.

El Estado, desde hace algunas décadas, paso a paso, fue cediendo sus responsabilidades y perdiendo el rol de director, de planificador y de promotor del proceso educativo del país, por lo que ahora le asiste el deber de reasumir esas responsabilidades. Es decir, reasumir aquello que fue cediendo a los grupos de presión por incapacidad, por negligencia o por la innoble práctica politiquera.

La educación es un proceso que, por cierto, no se agota en lo que es la acción del Estado. La educación es un proceso del cual la familia es el centro mismo, el eje en el cual se genera, y que, permanentemente, se desarrolla a lo largo del tiempo. Pero el Estado tiene en él grandes responsabilidades, impuestas por la Constitución Política, que son cada día más grandes, en la medida en que el proceso de la ciencia y de la tecnología avanza y más nos exige, a todos, de nosotros mismos.

En ese sentido, pensamos que la acción del Estado está en la obligación de adelantar un proyecto de nacionalización de la enseñanza.

A título de una enseñanza comprometida, desgraciadamente, el país ha vivido en los últimos años la deformación de una educación que se olvidó del único de los compromisos políticos que no podía olvidar, que es el de formar ciudadanos para la democracia.

Así es que se han tergiversado categorías y, por lo mismo, hace falta una Ley de Educación General, que no agrede a nadie, que ponga las cosas en su lugar y dé un instrumento para que el Estado panameño —no este Gobierno: el Estado panameño, este Gobierno y los que le sucedan— pueda trazar una política que inscriba el programa educativo dentro de los planes generales de la Nación.

Debemos salir de este clima de politización que de hecho ha ido ocurriendo en todos los organismos de la enseñanza. Debemos salir además, de una rígida compartimentación, a la cual se ha llegado y que es uno de los dramas mayores de nuestra educación, la que por eso se ha estancado, y por eso ha retrocedido.

Porque los males de nuestra educación y nuestra enseñanza, no son solo los de la politización, son también los del estancamiento pedagógico, los del estancamiento educativo. Y eso lo debemos decir, sin agravio para nadie, pero señalando las responsabilidades que tuvieron en su momento los sucesivos Gobiernos, y lo poco que pudieron hacer.

Los fines de la enseñanza deben ser renovados y reafirmados en su sustancia. Iremos así a una enseñanza que afirme la igualdad; que mantenga la conciencia democrática activa; que inserte los planes educativos en los planes generales del país; que, sin desprecio para lo que son las tradiciones humanísticas del país, realce el concepto del trabajo, y haga de él, la adecuada revalorización técnica que el mundo actual nos impone; iremos en fin, a una enseñanza que, en definitiva, forme a los ciudadanos para que se cumpla el ideal de nuestro Justo Arosemena: “A la democracia por la cultura”.

¡Este es el auténtico compromiso que la educación panameña debe asumir!

-El autor es pedagogo, escritor y diplomático.socratessiete@gmail.com