Temas Especiales

26 de Jun de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Sentido común vs. ideologías

Aún antes de tomar posesión de su cargo como presidente de la República, ya Ricardo Martinelli ha sido calificado “derechista”, “conserv...

Aún antes de tomar posesión de su cargo como presidente de la República, ya Ricardo Martinelli ha sido calificado “derechista”, “conservador”, y hasta de “retrógrado” por algunos analistas políticos, nacionales y de afuera. Estos calificativos forman parte del argot periodístico de nuestros tiempos.

Es el lenguaje con el cual los medios, en los países de tradición democrática, presentan a los personajes y a los acontecimientos políticos. Son simplificaciones que responden a ideologías más o menos definidas que se atribuyen a unos y a otros. Los socialistas, por ejemplo, son siempre de “izquierda” y “revolucionarios” , (los “buenos” ) y los no socialistas son “conservadores” o de “derecha” (los “malos” ). Sin embargo, al no aclarase el significado de los términos, estos son entendidos popularmente según las simplificaciones de los medios o por la ideología seguida. Esto no garantiza el conocimiento de la verdad; pues, ésta no depende de lo que digan los medios ni de la ideología.

El conservadurismo se asocia a la oposición a cambios sociales (muchas veces incomprendidos) y a la defensa de los valores tradicionales (cristianos), y por ello, aquél suele rechazarse por prejuicios antirreligiosos y juzgarse cual instrumento político de la Iglesia, como si ésta fuese la dueña de los partidos. De igual modo que los partidos conservadores no siempre actúan correctamente; los movimientos de “izquierda” tampoco lo hacen siempre. En uno y otro caso suelen dominar la ignorancia, los prejuicios y los intereses ideológicos. Pero, generalmente, el conservadurismo se compromete a defender y a conservar los valores tradicionales (cristianos), que informan la cultura heredada. Esta es la aportación más valiosa del conservadurismo en nuestras sociedades. Mediante esta posición, en lo político y en lo social, se conservan la “identidad” y la esencia de los pueblos de la “cultura occidental cristiana”.

El error de los anticonservadores, quienes se ven a sí mismos como progresistas, consiste en rechazar los valores tradicionales relacionados con la vida humana como valor supremo, y la familia como célula básica de la sociedad, anterior al Estado, su servidor; por lo que, inevitablemente, chocan contra la iglesia, custodia de esos valores de derecho natural. En este afán antirreligioso y antieclesial, tratan las “izquierdas” de imponer una cultura laicista fundamentalista que ha hecho suyas la despenalización del aborto, la eutanasia y la destrucción de la familia tradicional.

Además de los ingentes problemas heredados, el presidente Martinelli se enfrentará a estos otros, importados, definidos como política internacional de Washington, y que imponen mediante programas ideológicos asistenciales de las Naciones Unidas.

Un gobierno inteligente se libera de ataduras ideológicas y recurre al sentido común. No todo es malo en las izquierdas ni todo bueno en el conservadurismo; ni al revés.

El futuro presidente ha sido “denunciado” como “conservador”. Espero que así sea. Ser conservador ante la delincuencia y liberal ante el comercio. El país necesita avanzar hacia el rescate de los valores perdidos de familia, honestidad, honradez, respeto a la dignidad humana; a las leyes y a las normas de sentido común de convivencia pacífica; manifestaciones éstas y otras en una cultura perdida en aras de una supuesta modernidad carente de valores, procaz y teñida de muerte, como la cultura que promueve.

-El autor es comunicador social.miguelespinop@hotmail.com