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03 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Panamá, diagnóstico para convivir mejor

En un viaje reciente a Europa y Estados Unidos nos tocó recorrer maravillosas ciudades y disfrutar de sus efectivos sistemas de transpor...

En un viaje reciente a Europa y Estados Unidos nos tocó recorrer maravillosas ciudades y disfrutar de sus efectivos sistemas de transporte e infraestructura pública.

¿Cómo explicar la frustración que se siente cuando se disfruta en estas ciudades del primer mundo y se regresa al caos de nuestra querida Panamá?

Quizá la respuesta de muchos a esta queja es decir que estas ciudades son desarrolladas y nosotros Tercer mundo.

Justamente de eso se trata este artículo, de ver cómo nos convertimos en una ciudad de primer mundo. ¿Por qué no?

Todas estas ciudades tienen algo en común:

Han desarrollado un excelente sistema de transporte público constituido principalmente por un Metro o tren ligero y buses adecuados, que lo alimentan y complementan desde y hacia las áreas urbanas y comerciales de la ciudad, integrando un sistema eficiente que permite movilizarse en forma económica y segura.

Además, y como complemento importantísimo para el buen funcionamiento del sistema, poseen excelentes vías peatonales arborizadas con cruces señalizados y luces de paso para protección de ciclistas y peatones, así como áreas verdes para el libre esparcimiento y descanso de sus ciudadanos y visitantes. Todo esto trae como consecuencia que para el turista o residente sea amigable trasladarse por la ciudad a sus trabajos, comercios, áreas de atractivo turístico o entretenimiento.

Mientras en Panamá hemos invertido grandes cantidades de recursos para atraer a los turistas, bajo el lema ”Panamá se queda en ti” y hemos construido más de 200 proyectos de edificios de apartamentos y hoteles, sobresaturando la ciudad “para los extranjeros” , no hemos podido aún desarrollar un sistema de transporte eficiente.

Entonces, una vez que llegan nuestros “clientes“ , a quienes les hemos vendido un paraíso tropical, encuentran que no contamos con la infraestructura para movilizarse por la ciudad de una manera confiable ni agradable, sino en los muy temidos “diablos rojos” , en los taxis “no voy” o caminado por las calles o aceras atiborradas de automóviles o invadidas por construcciones y comercios, ante los ojos de las autoridades municipales que pareciera no importarles. “¿¡Qué puedo hacer yo solo, señor?” , me decía un policía, “si los jefes no nos apoyan!”.

Proponemos al nuevo Gobierno y al nuevo alcalde municipal que se haga un plan integral de mejoría, no solo del transporte público urbano, sino de toda la infraestructura que lo acompaña, con el objetivo claramente definido de convertir nuestra ciudad en una de primer mundo, donde los locales y extranjeros puedan trasladarse de forma segura y eficiente.

Paralelamente a esto, como se ha hecho en otros países, habrá que montar una campaña de educación cívica y motivación para que el comportamiento en las calles sea más civilizado, evitando estacionarnos donde nos es permitido, respetando al peatón, cediendo el paso y evitando ensuciar las áreas públicas, parques o haciendo ruidos excesivos. Todo esto constituye una meta para llevar a nuestra ciudad y población a otro nivel de calidad de vida.

Manos a la obra al nuevo gobierno.

-El autor fue ministro de Economía y Finanzas.opinion@laestrella.com.pa