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21 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Organizaciones internacionales

Tantas veces hemos escuchado hablar mal de las organizaciones internacionales y de su permanente inacción e ineficacia que pienso lo que...

Tantas veces hemos escuchado hablar mal de las organizaciones internacionales y de su permanente inacción e ineficacia que pienso lo que sería de nuestro mundo si no existieran la Cruz Roja Internacional, la ONU, la OEA, la Iglesia Católica y tantas otras que vemos presentes cuando ocurre alguna desgracia o se da un problema mundial o regional.

Como abogado creyente de vivir en un Estado de Derecho respondo a esa interrogante con otra: ¿Qué sería de nuestros países si no existieran una constitución y leyes que la desarrollen, aunque repitamos tantas veces que los gobernantes no las respetan? Un caos monumental, mucho mayor de lo que hoy vivimos. Por eso nos llamamos pueblos civilizados y no bárbaros.

Así como los países requieren reglas internas que regulen la vida entre sus ciudadanos, el globo terráqueo también; es lo que denominamos el orden internacional. Comenzando por el primer núcleo social, la familia, existen reglas para que la convivencia entre hijos y padres y viceversa se desarrolle respetando reglas básicas. Ya el golpear a un hijo le da derecho al vecino a reportarlo a la Policía; ya no se puede decir que se trata de un asunto privado.

Leía que un paciente de SIDA despotricaba contra la Iglesia Católica. Alguien que lo escuchaba, lo interpeló: “ ¿Cuando estés en la fase terminal de tu enfermedad sabes quiénes te atenderán y velarán por ti? La monjita te limpiará y te alimentará, como lo hizo la Madre Teresa de Calcuta con tantos enfermos como tú; y el sacerdote, el mismo del que hoy tanto reniegas, será quien te escuche en tus últimos momentos, reconfortándote de los dolores que te afligen ”. El criticón tuvo que guardar silencio.

La historia del mundo, así como aquella de nuestro continente, está llena de ejemplos de lo que pueden hacer las organizaciones internacionales. Dominicana es un claro ejemplo, cuando la violencia de Trujillo se volvió un mal criticado por todos, fue la OEA, la que con sus sanciones ayudó a la caída del sátrapa, asesinado por antiguos colaboradores suyos. Haití nos da otro ejemplo con los Cascos Azules de la ONU en todo su proceso de pacificación. Muchos otros ejemplos pueden servirnos de ilustración.

Concordamos en que no son perfectos, pero ¿habrá algo o alguien perfecto en este mundo? Estamos de acuerdo que podrían hacer más, ¿pero les damos los recursos para que lo puedan hacer? Los acusamos de ser unos burócratas internacionales, pero ¿qué entidad, partiendo de la misma familia, no necesita de un estructura para poder funcionar?

En vez de criticarlos, fortalezcamos estos organismos, en su mayoría compuestos por seres humanos anónimos dispuestos a sacrificar sus vidas por ayudar y salvar a los demás, que en su afán de lograr un mundo mejor y más justo se desplazan a tierras desconocidas para dar la mano a quien la necesite.

*Embajador de Panamá ante la OEA.gcochez@covad.net