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13 de May de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Por una selección suprema

Sí, con el correr de los años es cierto que los seres humanos adquirimos mayores expectativas y aumenta nuestra capacidad de discernir l...

Sí, con el correr de los años es cierto que los seres humanos adquirimos mayores expectativas y aumenta nuestra capacidad de discernir lo bueno, lo malo y lo feo de lo que ocurre en nuestro entorno. En los próximos meses, al nuevo presidente de la República y a su Gabinete, asesorado previamente por expertos, corresponderá designar a los próximos integrantes del máximo Tribunal de Justicia del país. Pues bien, es reiterada la forma como los medios de comunicación y la sociedad critican a esta entidad, por sus demoradas decisiones o sus desatinos según el cristal de los periodistas. No obstante, siempre les recuerdo a los estudiantes en las aulas universitarias, que todo lo que sucede en nuestro país, así como la forma en que proceden o se comportan los integrantes de los tres órganos del Estado y la empresa privada, no es más que el espejo en que se refleja nuestro actuar como sociedad. Si existe corrupción en alguna entidad del gobierno o se evidencia el “juegavivo” por parte de algún servidor público, esto refleja en realidad quiénes somos.

¿Cómo resolver ello? Con sencillez, empleando el sentido común y la lógica cotidiana. Imagine que usted hereda la escudería Ferrari o una compañía de aviación, en estas tiene caros bólidos de fórmula 1 y aviones Boeing 737. ¿A quién selecciona usted para que conduzca los bólidos y lleve a aeropuerto seguro a estas aeronaves? Es obvio que no nombraría a su vecino, aunque sea un excelente mecánico y haya corrido un par de carreritas en Río Hato ni, mucho menos, al hijo de su primo que tiene tres años de haber aprobado el curso de piloto en la academia de Albrook y posee 600 horas de vuelo. Igualmente, ¿qué hace usted si le dicen que su hijo requiere una operación de corazón abierto y debe seleccionar el cirujano para efectuarla? ¿Seleccionaría a un cardiólogo por ser prestigioso y exitoso en la clínica privada, pero nunca ha operado ni intervenido como cirujano en esta clase de operaciones?

Sí, así de delicada es la selección de personas que integran un Tribunal Supremo; la voz “ supremo ” la define el Diccionario de la Real como “ sumo, altísimo ”, o sea, a un nivel que supone lo más alto, el mayor grado a que puede llegar una persona o cosa. Por más que le tengamos cariño, aprecio o estima a un sujeto determinado, al momento de elegir a quien se va a desempeñar en la sagrada tarea de administrar justicia en nombre de la República y por autoridad de la Ley, al máximo nivel (Electoral o de Corte), no se puede improvisar eligiendo a alguien que en su vida ha emitido una sentencia o un auto, por más elegante y supuesto sabio que parezca. Si ese elegido no maneja los institutos de Derecho Administrativo, Derecho Laboral, Derecho Procesal Administrativo, Derecho Procesal Laboral y Derecho Constitucional, entre otros, necesarios para ir a la Sala Tercera; Derecho penal, Derecho procesal penal, Criminología y Derecho Constitucional, necesarios para ir a la Sala Segunda; Derecho electoral y Derecho civil y Derecho penal; y sobre todo, no tiene idea de cómo funciona el aparato judicial, estaría burlándose de sí mismo y jactándose de convertirse en un aprendiz o becado de un decenio.

Más capacidad, conocimiento e idoneidad tiene cualquier funcionario del sistema judicial o un abogado litigante que haya aplicado para un concurso de magistrado de Tribunal Superior, de juzgado de circuito o de defensor circuital; y no cualquiera que cumpla los requisitos previstos por la Constitución y cuente con la bendición del partido o del Gabinete que lo impulsa.

No logramos la justicia anhelada acogiendo el legítimo derecho que creen tener algunos abogados de grandes firmas, de partidos políticos o de nuestro mundo social por salir años en televisión y radio opinando por encima sobre algunos temas judiciales. Para eso existen las notarías, embajadas y consulados, allá es el escenario para que disfruten la vida, gocen sus conexiones y se hagan ricos y no en el templo de la majestuosidad de la justicia que es potestad divina.

¿Por qué en Costa Rica, España y Alemania no hay escándalos ni gigantes decepciones? Allá están claros, la mentalidad de sus gobernantes es cónsona con su desarrollo y visión de futuro, si la persona no es de Carrera judicial no puede ni debe llegar a la Corte como titular, ¿por qué? Porque no sabe ni está lista y es necesario un período de aprendizaje, formación y maduración previa en escenarios afines a los de su futura función máxima.

Si dudan de lo que les digo, averigüen cuántos años como funcionarios judiciales tienen los presidentes de la Sala Penal y de la Corte Suprema de Justicia de Costa Rica de haber llegado a la Corte; los del Tribunal Supremo y Constitucional alemán, y los del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional español y se percatarán de lo anotado.

Llegó la hora de soñar con que la sensatez invade el espíritu de nuestros gobernantes y no debemos resignarnos a aceptar el descubrimiento de la sorpresa que trae la merienda del recreo o la cajita de Cracker Jack; solo ello demostrará la tan anhelada vigencia del cambio o la confirmación de más de lo mismo.

*Profesor de Derecho en la Universidad de Panamá.agonzalezherrera26@yahoo.com