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28 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Un silencioso velo

La ciudadanía está pensando en fiestas de fin de año, pero temo que durante este mes y, como ha venido ocurriendo paulatinamente, se per...

La ciudadanía está pensando en fiestas de fin de año, pero temo que durante este mes y, como ha venido ocurriendo paulatinamente, se perderán entre la algarabía y el consumismo desmesurado, la importancia de una reflexión juiciosa y colectivamente sobre dos acontecimientos importantes para la historia patria: los veinte años de la invasión del 20 de Diciembre de 1989 y diez años de la recuperación de la soberanía total sobre nuestro territorio con la transferencia del Canal de Panamá el 31 de diciembre de 1999. Dos hechos estrechamente ligados en su relación política; con similar o mayor estatura histórica que el 9 de Enero de 1964 y tan trascendentes como el 3 de Noviembre de 1903. Lo que es hoy la disposición político—social de la Nación es el resultado directo de estos dos hechos, para bien o para mal.

Ningún gobierno ha tenido la valentía de darle a estos acontecimientos el respeto ni la relevancia histórica que representan por dos razones fundamentales: 1— No hemos madurado lo suficiente como para dejar de evaluar el violento acto de invasión sencillamente como el derrocamiento de la dictadura militar de Manuel Antonio Noriega, en vez de enmarcarlo en un contexto imparcial y equilibrado que examine los abusos cometidos y las repercusiones sociales y políticas en el seno de la sociedad de ese momento en adelante. Y, 2: Por la fecha en que se dieron, van en contraposición con la usura y las especulaciones económicas y comerciales de la época. La lujuria económica antes de la conciencia nacional.

Mientras algunos pretenden enmarcar los hechos de la Invasión en un velo fantástico, ligero  y ficticio, sin fundamentos esenciales de corroboración y la tenacidad científica debida, pretendo dedicar mi entrega durante este mes a enaltecer el valor de lo vivido. A recordar para que no olvidemos. A preguntar y buscar respuestas. A poner en contexto el valor de lo sacrificado: la muerte de ciudadanos humildes como sacrificio supremo y su beneficio, si los ha habido, para los más necesitados.

Como podemos recordar, en los meses previos a la Navidad de 1989, la Nación experimentaba una de las etapas más difíciles de su coexistencia. La situación político—social y económica, dividía a la más cohesionada de las familias. Sin entrar en un análisis o consideraciones políticas sobre el acto de Invasión en sí, lo que sí hizo fue abrir un nuevo capítulo para la corrección de las conductas políticas, sociales y culturales que nos llevaron a aquel momento.

Pero antes de analizar de manera general los efectos permanentes en la vida nacional, es justo apreciar los eventos desde puntos de vista muy particulares. Alicia Cornejo, panameña y profesional de 47 años de edad, que va y viene todos los días en la lucha por la supervivencia, revivió la experiencia de la Invasión, cuando sobre las primeras horas del amanecer del 20 de Diciembre me contó que “… mi esposo no sabía nada de su familia, en Panamá Viejo, por lo que mi papá se montó en su carro y se ofreció a llevarlo, uno de mis hermanos se les unió. Próximos a la entrada de Panamá Viejo, se les aparece, de la nada, un soldado estadounidense, los encañona y les grita: “go back”. Mi papá se enfurece y lo insulta en perfecto inglés. El soldado les grita nuevamente y carga el arma. Entre mi hermano y mi esposo lo convencen de retroceder y se retiran del área. De no haberlo hecho, de seguro que ese día hubiera perdido a mi papá, a mi esposo y a uno de mis hermanos. Ese día hubieran pasado a formar parte de los miles de panameños que murieron en esa nefasta fecha ”.

La reacción del padre de Alicia Cornejo, fue la resistencia instintiva y multiplicada de miles de panameños que encontraron la muerte a manos de soldados estadounidenses durante esas primeras horas, cuya reacción fue asesinar a sangre fría a desprotegidos patriotas panameños.

Hoy, 20 años después, sus familiares no saben dónde están sus restos.

De lo individual, como en el caso de la Sra. Cornejo, a lo colectivo, como en el caso del barrio de El Chorrillo, cuando se examina la historia nacional de finales del siglo XX, las futuras generaciones nos cuestionarán sobre el silencioso velo con que poco a poco hemos venido cubriendo sobre un hecho trascendental de la historia nacional.

*Comunicador social.ernestoholder@gmail.com