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03 de Jun de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Entendiendo el poder

Pocos han entendido en dónde se encuentra el poder. En el fondo, quizás uno de los hombres más poderosos que ha conocido nuestro país en...

Pocos han entendido en dónde se encuentra el poder. En el fondo, quizás uno de los hombres más poderosos que ha conocido nuestro país en su historia fue Manuel Antonio Noriega, producto del conocimiento que tenía de dónde radicaba el poder. Recuerdo una ocasión cuando le pregunté cómo resumiría él lo que era el poder. Sin titubear me dijo: “manejo de información”, “quien maneje más información es quien tiene más poder”.

En ese momento me pareció demasiado sencilla su respuesta, luego comprendí que tenía toda la razón. Un hombre informado es poderoso, un hombre desinformado es peligroso. No es cuestión de estudios ni profundizaciones, es simplemente tener acceso a información, saber procesarla y evaluarla.

Para poder llegar a tener información se requiere tener múltiples fuentes de información, lo que manejó con habilidad Noriega al frente de las oficinas de seguridad del Estado por años.

Los políticos nuestros, a diferencia de los militares, jamás manejarán mucha información. La Iglesia, por otra parte, es poderosa por la información que maneja a través de sus sacerdotes, párrocos y monjas.

El militar, especialmente el de inteligencia militar, sabe que tiene que abrir sus canales de recepción de información, frecuentar lugares públicos, reunirse con múltiples personas de todas las clases sociales y corrientes.

El político, especialmente el funcionario de alto rango, tiende a cerrar su círculo íntimo, vive desinformado por los intereses de los pocos que lo rodean y le hablan al oído, muchas veces desconociendo situaciones que son harto conocidas en la calle.

Cierto que es difícil para un ministro, para un presidente, mantener su sencillez y humildad y continuar frecuentando los lugares habituales. Sus propios amigos le empiezan a decir que no le conviene tal o cual lugar, que no le conviene tal o cual amistad, que no confíe en tal o cual persona. Con el tiempo, el funcionario se reduce a un círculo íntimo de amigos y pierde la opción a la información.

Recuerdo cómo Noriega una o dos veces al año daba una fiesta amplia en el Cuartel Central, abierta prácticamente al que quisiera, donde aprovechaba para hablar y oír a muchos que rara vez veía o oía.

Pocos entendían que era parte de su búsqueda de información, que dentro de esa camaradería estaba latente su espíritu de seguridad e inteligencia militar.

Hoy, cuando analizamos las presidencias después del 90, vemos cómo los presidentes al inicio mantienen un círculo amplio de amigos y cómo en poco tiempo lo redujeron, los cuatro, a círculos pequeños finales que llevaron a los cuatro a fracasos electorales: Guillermo Endara en el 94, “ El Toro ” en el 99, Mireya Moscoso en el 04 y Martín Torrijos en el 09.

Era evidente que la información que manejaban al final de sus gestiones no se apegaba a la realidad.

Yo siempre admiré la capacidad para manejar información de la Guardia Nacional en la época Torrijos y luego en Fuerzas de Defensa. No era solo el G-2, S-2, sino además los sargentos, los transportistas, oficinas especializadas como El Manguito, todas apuntaban a la recolección, evaluación y procesamiento de información.

Hoy, nuestros gobiernos han perdido esa habilidad, y, nuevamente, la falta de información les resta poder.

*Ingeniero y analista político.marognoni@cwpanama.net