25 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

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Abel Zamorano: un nombramiento acertado

En 1976 cuando empezaba mi carrera de Derecho en la Universidad de Panamá, conocí a un joven inteligente, amante de la ...

En 1976 cuando empezaba mi carrera de Derecho en la Universidad de Panamá, conocí a un joven inteligente, amante de la justicia e inquieto por grandes reivindicaciones sociales. Ambos veníamos del interior: él, de La Peña en Veraguas, y yo, de Tolé en Chiriquí. Así conocí a Abel Augusto Zamorano.

Nunca he sido su amigo íntimo, pero he seguido de cerca su actuación como profesional, docente y administrador de justicia. En 1993 cuando el suscrito había regresado al país con el Doctorado en Derecho (especializado en Derecho Constitucional) por la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad Latinoamericana de Ciencia y Tecnología (ULACIT) me solicitó que dictara la Cátedra de Derecho Constitucional para estudiantes de la Maestría en Derecho. Todos mis estudiantes eran licenciados en Derecho, requisito elemental para acceder a la maestría. Cuando empecé a dictar la clase, encontré que entre mis alumnos había conocidos y connotados abogados de primer orden y entre éstos estaba Abel Zamorano. No dudé en manifestarles que había sido la vida y las circunstancias de ostentar el grado de Doctor lo que me había llevado a estar colocado frente a ellos como profesor, pero que durante el curso iba a estar sentado como alumno aprendiendo de todos ellos, como doctos profesores míos.

Y así fue, puesto que el intercambio de conceptos hizo que interactuáramos en fértiles y profundas cavilaciones del derecho constitucional, de la teoría de Estado y de la teoría de la representación.

Abel Zamorano ha sido una persona tan considerada y respetuosa que después de ese curso, no ha dejado de distinguirme con el saludo de profesor, hecho que denota una calidad personal y profesional cada vez menos común en nuestra sociedad. La designación de Abel Zamorano como magistrado suplente de la Sala Contencioso Administrativa de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) por parte del Ejecutivo, es atinada y adecuada. Con ella se hace un homenaje a quienes venimos, hace más de veinte años, desde el campo a la ciudad en procura de un título académico en derecho, obtenido en buena lid.

Tal nombramiento es un reconocimiento al académico y al estudioso del Derecho Procesal, al profesional destacado que ha buscado siempre despuntar intelectualmente, al docente que sin egoísmos ha compartido sus conocimientos, al Administrador de justicia sensato y justo, al autor de obras, al organizador de foros y seminarios de gran calidad donde se difunde el pensamiento.

Se hace una distinción al abogado que buscó grados académicos superiores al de la licenciatura, obteniéndolos dentro y fuera del país (Maestrías en ULACIT y especialidades en la Universidad de Salamanca, España). En fin, con la designación de Abel Augusto Zamorano se cumplen los presupuestos adecuados para ser magistrado de la CSJ y no se puede negar que en él tenemos a un profesional estudioso que ha buscado siempre la excelencia académica. Su designación no solo es apropiada y juiciosa, sino que envía un mensaje correcto a quienes ansían superarse por la vía del estudio y de la perseverancia.

*Primer defensor del Pueblo de la República de Panamá (1997-2001).iantinorib@cwpanama.net