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19 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

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Cuando el uso es abuso

Pareciera que en mi país para gozar de prestigio, popularidad, fama y dinero, hay que robar, mentir, y transmitir antivalores. Por ejemp...

Pareciera que en mi país para gozar de prestigio, popularidad, fama y dinero, hay que robar, mentir, y transmitir antivalores. Por ejemplo, los programas en vivo que se presentan como algo moderno y cotidiano en los canales de televisión a los que me referí en mi artículo anterior y vuelvo a mencionarlos: La Cáscara, Código 4, Al Descubierto, Hecho en Panamá, In Fraganti, El Reventón, además del Poveda Show Jo y Paparazzi, y por supuesto, las novelas, en que la promiscuidad sexual, la vulgaridad, la invocación a la santería, a los números de la suerte y al horóscopo, y la obsesión e idolatría por lo supersticioso tienen gran influencia sobre la salud humana. Lastimosamente, sus seguidores están dispuestos a creerle a los “vividores” que se aprovechan de la credulidad de mucha gente.

De lo anterior no se escapa una gran cantidad de programas en la radio. Por ejemplo: en la emisora ” Que Buena ”, te encuentras con un DJ que se dice llamar Madame Uyuyuy , con una disposición e interés exacerbado hacia la estimulación erótica entre homosexuales y bisexuales y con propuestas indecorosas a todo aquel que participe en su espacio radial.

¿Entretenimiento? ¡Qué va! Más bien, pareciera ser el resultado de personas que buscan mitigar conflictos sexuales no resueltos y una forma de llenar un vacío afectivo y existencial.

Hay personas que tienen facilidad para transmitir antivalores, y los defienden de tal manera, que muchos quedan creyendo en sus ofensas: denigrando el sexo, deteriorando la calidad de vida de la familia, incitando a matar y a la venta y consumo de drogas. A mi juicio sus autores y actores gozan de una gran falta de creatividad, de conciencia y responsabilidad social y no creen en el valor de la vida humana.

La conducta de una persona es el resultado de su pensamiento. Esto va ligado a los deseos y al manejo de sus actitudes. Y, si es una persona de malos pensamientos, de malos deseos y disgustada de la vida y tiene la facilidad de transmitirlos, ya sea, a través de la letra de una canción, o al cometer algún delito o el de incitar a la violencia y al sexo libertino, y vives en un país carente de principios morales y de cultura, no necesitará tiempo ni esfuerzo para hacerse escuchar y sentir. Tiene en sus manos poder. Y, si los que le escuchan y ven son seres indefensos e inmaduros, los están convirtiendo en seres robotizados, temerosos, inútiles, cobardes, drogadictos, asesinos y adictos al sexo.

Cuando se habla de adicciones, lo común es pensar en drogas, pero estas son solo una modalidad, la obsesión por el sexo, el trabajo, el juego, el celular, la Internet, el alcohol, cigarrillos, a las artes adivinatorias y hasta en el abuso de poder, crean también dependencias. La conducta adictiva crece a medida que aumenta la disfunción familiar y en la carencia de un sistema educativo calificado.

La moral familiar se ha desmoronado y la palabra “ sexual ” se ha degradado y los poderes del Estado con buenas y malas razones, se abstienen de legislar sobre esta materia.

La familia es la unidad básica de la sociedad, la más importante y fundamental de todas las instituciones sociales. No obstante, no faltan personas y grupos influyentes que opinen lo contrario.

*Especialista de la conducta humana.gemiliani@cableonda.net