15 de Ago de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

El fanático y el deporte

Precisamente, en el momento en que se busca bajar los niveles de inseguridad y de violencia, los simpatizantes de las novenas de Bocas d...

Precisamente, en el momento en que se busca bajar los niveles de inseguridad y de violencia, los simpatizantes de las novenas de Bocas del Toro y Chiriquí se enfrentan en una riña realmente vergonzosa. Lo ocurrido es un fiel ejemplo de la degradación de la condición humana. Debemos adecuarnos a un modo de control psicosocial, porque a estas “alturas del juego” el panameño pareciera vivir en la “era del vacío”.

Sin embargo, de lo sucedido hemos de analizar varios aspectos de la Psicología del Deporte y del fanático y empiezo por decir que muchas veces los jóvenes y adultos aficionados al deporte se refugian en grupos expresando sus necesidades sociales y psicológicas. Los deportes que atraen a gran cantidad de personas y apoyados unos con otros, posibilitan la “ katharsis ” (descarga emocional) de innumerables conflictos producidos, no solo por cuestiones internas, sino por lo que se ha denominado “ entornos disfuncionales ”. Estos entornos se caracterizan por ser una amenaza constante y difusa que viene desde el exterior y recae sobre la psique de las personas, produciendo toda una serie de síntomas psicológicos de difícil control.

Las gradas del estadio se convierten en una especie de foro teatral, es la arena dramática que simboliza la sociedad del desencanto, donde la violencia representa al resentido social con su falta de opciones, a veces como comedia agresiva y en algunos casos como tragedia violenta. Son espejos deformantes de una sociedad con un vacío existencial, donde no se tiene nada que esperar ni valores que merezcan ser apoyados y vuelcan sus voluntades y anhelos en su fanatismo para compensar su frustración.

Igualmente, pareciera que el alcohol y el deporte son culturalmente inseparables. La propia lógica del juego es un vector de la agresividad de los aficionados. Y si le añades tan solo algo de bebida alcohólica se apunta hacia la desinhibición de sus instintos más bajos.

Se podría decir que los integrantes de las barras son personas normales, que les gusta el deporte y van al estadio atraídos por la diversión. Sin embargo, la bebida alcohólica, la excitación del juego y sumarse y sentirse apoyado por los cientos de entusiastas de su mismo equipo, hace que en segundos el “ aficionado ”, deformado en fanático, cambie drásticamente su estado de ánimo y pierda la compostura y las pasiones se desbordan con más facilidad desatándose el duelo de la palabra al hecho, con resultados trágicos. En este momento hay un potente sentido de pertenencia y de complicidad con los suyos. Se produce una especie de encantamiento o reclutamiento mental que le impide juzgar con objetividad, al igual que el enamorado es capaz de ver defecto alguno en su amada. Al finalizar el partido el fanático abandonará los graderíos liberado de tensiones y de angustias.

Estamos por celebrar los próximos Juegos Bolivarianos en nuestro país y debemos estar preparados mentalmente desde este momento, dándonos a conocer como un país que promueve la salud mental a través del deporte, disciplina que reduce la delincuencia, la criminalidad y la violencia.

Para su buena realización deben existir mayores controles operativos policiales, antes, durante y después de los partidos, que esté vedada la venta de alcohol, que puedan utilizarse videos para el seguimiento de los focos agresivos e identificación de los manifestantes violentos y equidad y justicia de parte del arbitraje.

*Especialista de la conducta humana.gemiliani@cableonda.net