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25 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

El arte de gobernar

Al observar el panorama político nacional, se hace evidente la falta de una metodología para abordar los problemas de interés ciudadano....

Al observar el panorama político nacional, se hace evidente la falta de una metodología para abordar los problemas de interés ciudadano. No se requiere una sólida formación ideológica, para entender que es más fácil avanzar a través del consenso, los cambios son menos traumáticos si al tomar las decisiones consultamos al ciudadano. Por eso, hoy quiero hacer algunas reflexiones sobre el arte de gobernar.

Hay que establecer primero que gobernar es conducir, es dirigir, es guiar hacia un objetivo la nave del Estado. Desde esta perspectiva gobernar es mucho más que administrar o gerenciar recursos económicos o instrumento de gestión. Es tener una estrategia para llevar al país hacia un buen destino compartido.

Por lo tanto, el arte de gobernar resultaría ser: la habilidad para organizar el gobierno y confirmar los equipos de soporte, la inteligencia para construir poder mediante alianzas o coaliciones, la habilidad para crear espacios políticos que incorporen a la ciudadanía en la toma de decisiones. Es además, la eficacia para buscar los recursos financieros que se necesitan para echar a andar los proyectos nacionales.

Gobernar también exige un especial estilo de relación democrática entre los gobernantes y los gobernados. Se requiere un sistema de comunicación que permita retroalimentar al gobernante sin las interferencias que crean los intereses creados y particularmente, los asesores más allegados a quien ejerce el poder.

Nadie duda que todo gobernante aspira y siente la necesidad de que su trabajo tenga éxito y logre sus objetivos. Esto es lo lógico, pues ninguna autoridad, en su sano juicio, busca fracasar. No obstante, la práctica enseña que los resultados son muy diversos, algunos son exitosos, otros regulares, otros mediocres y otros simplemente un fracaso total.

El éxito lo tendrán aquellos que sin descuidar la necesidad de hacer obras necesarias, promueven el planeamiento de modo coherente, con las visiones de desarrollo, construyen y fortalecen la institucionalidad, afirman los sentidos de pertenencia e identidad, abren las puertas y espacios para la participación y construcción de ciudadanía.

De igual forma, un gobernante exitoso impulsa el tránsito de la gestión pública tradicional en innovadora y estratégica, es transparente, rinde cuentas y no concilia con la corrupción. Como consecuencia, tiene capacidad de convocatoria y de influencia y sus ideas son bien valoradas a través del apoyo popular.

Los regulares se preocupan a hacer obras y promueven algunos cambios en medio de vacilaciones y temores. Tienen poca capacidad de influir en la conducta social y pasan la prueba simplemente con una nota de aprobación.

Los que fracasan, son aquellos que no logran entender para qué fueron elegidos. Se pierden en peleas sin sentido, en la práctica, el poder es ejercido en realidad por un conjunto de asesores que manipulan al gobernante. Los asesores estimulan en este tipo de gobernante un temor paranoico a la participación popular. Este grupo confunde gobernar con improvisar, con mentir y creen que gobernar es simular, lo que ocasiona las frecuentes crisis de gobernabilidad.

En esta coyuntura Panamá necesita que nuestros gobernantes sean exitosos, que nos permita lograr un desarrollo económico más balanceado y que florezca, con el esfuerzo de todos, el proceso democrático.

Para lograr esto, nuestros gobernantes deben priorizar el desarrollo humano y la necesidad de educar con factor de cohesión e inclusión. Es importante brindar eficientes servicios de salud, asegurar la alimentación del pueblo y crear las condiciones para que obreros y empresarios puedan producir los bienes y servicios que requiere la nación.

Lo que significa que hay que gobernar con la gente, conectando la palabra con la acción y creando espacios en forma permanente, para que los ciudadanos se acerquen al Estado y conozca qué hace y cómo lo hace. También es necesario construir la cohesión social de la nación y fomentar la tolerancia a las ideas.

El arte de gobernar exige estar abierto a los aprendizajes desde la experiencia y sustentar la innovación y creatividad en las lecciones de la práctica. Se requiere valorar los aciertos, pero también tener la capacidad de aprender de los errores.

Un buen gobernante debe tener, como lo proponía Maquiavelo, las virtudes de la astucia y la valentía. La primera la necesita para enfrentar muchísimos peligros que siempre están presentes en los procesos políticos y sociales, la segunda la requiere para enfrentar a los adversarios coyunturales o permanentes.

El arte de gobernar finalmente, requiere de alianzas y coaliciones políticas con otros actores de la sociedad, como un vehículo para fortalecer el sistema político democrático. La matemática política es multiplicar no dividir, es sumar no restar, por lo tanto, es comprometerse con el impulso en la asociación y fortalecer la base de la gestión política que es el gobierno local. Ello se logra a través de una cultura de diálogo y concertación.

*Ingeniero y analista político. blandonc@cwpanama.net