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03 de Jun de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

En defensa del domingo

Entre quienes buscan diluir o eliminar el sentido genuino del domingo para convertirlo en un día de trabajo, de ventas, casi ordinario, ...

Entre quienes buscan diluir o eliminar el sentido genuino del domingo para convertirlo en un día de trabajo, de ventas, casi ordinario, se encuentran dos ideologías que parecen antitéticas, pero que comparten una visión de fondo.

Por un lado, algunos sistemas inspirados en el marxismo buscaron cambiar el ritmo de vida basado en la semana, o evitar que se perdiere la fuerza productiva durante un día tan precioso como el domingo.

El comunismo intentó, desde una visión materialista de la historia y del ser humano, que el domingo se convirtiera en un día como los demás, con la opción de un descanso periódico alternativo y, de ser posible, variable (no todos los trabajadores descansarían el mismo día).

Por otro lado, quienes viven bajo el común denominador del capitalismo más radicalizado, también intentan por distintos caminos convertir el domingo en un día con tiendas abiertas, con actividades económicas rentables, con beneficios y consumo. Se pierde mucho dinero, dicen los amigos del capital, si el domingo se cierran todas las tiendas y se detienen todas las máquinas.

Puede sorprender esta extraña coincidencia de dos universos tan diferentes, el comunismo y el capitalismo. Pero en realidad hay elementos comunes que explican la hostilidad hacia el domingo.

En primer lugar, los seguidores de Marx y de Lenin, como los capitalistas más radicales, ven al hombre simplemente en su dimensión corporal, en su funcionalidad productiva, en su condición de consumidor, en su relación con las riquezas y el bienestar. No son capaces de reconocer que el ser humano tiene un alma inmortal, un espíritu transcendente, una apertura ineliminable a lo bueno, a lo bello, a lo noble, a lo justo, a Dios.

En segundo lugar, tanto el marxismo como el capitalismo han buscado de mil maneras acallar a quienes, desde su fe cristiana, denuncian sin miedo el peligro de las riquezas y la avaricia desenfrenada.

Construir la vida de una sociedad en torno al dinero y a la producción, al comercio y al consumo, significa sucumbir a una lógica inhumana. Por eso la Iglesia católica denuncia cualquier proyecto que vea al hombre sólo en sus dimensiones económicas y deje de lado sus necesidades espirituales más profundas. La lucha por abolir el domingo se repite allí donde olvidamos el verdadero sentido del hombre, del mundo, de la historia, de Dios. En cambio, trabajar por la defensa del domingo, vivido como día del Señor y como día del hombre (según una hermosa idea explicada por el Papa Juan Pablo II en la carta que escribió sobre el domingo el año 1998), ayuda a superar la tentación materialista, y permite a las familias y a las sociedades contar, cada semana, con un día enteramente dedicado a los valores más elevados de la existencia humana, a Dios y al cultivo de las riquezas del espíritu.

Por lo mismo, el ‘Catecismo de la Iglesia Católica’ (n. 2188) exhorta a los cristianos a defender el domingo como día de descanso: ‘En el respeto de la libertad religiosa y del bien común de todos, los cristianos deben esforzarse por obtener el reconocimiento de los domingos y días de fiesta de la Iglesia como días festivos legales. Deben dar a todos un ejemplo público de oración, de respeto y de alegría, y defender sus tradiciones como una contribución preciosa a la vida espiritual de la sociedad humana’.

*SACERDOTE Y FILÓSOFO. ROMA, ITALIA.