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21 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

La ciudad de hoy y su historia

E xtractos de este escrito fueron publicados hace unos años. Para mí es de interés, porque creo que estamos viviendo tiempos de cambio. ...

E xtractos de este escrito fueron publicados hace unos años. Para mí es de interés, porque creo que estamos viviendo tiempos de cambio. No sé si para bien, como se pretende. Los desafíos a la condición sociocultural del panameño y las amenazas a la institucionalidad misma son materia obligada de reflexión que creo válida en el marco de estas recordaciones.

Esta semana debe marcar en el calendario de la nacionalidad como una de las de mayor importancia. Ayer celebramos 491 años de fundación de la ciudad de Panamá, por Pedrarias Dávila en 1519. Ese mismo día, en 1914, el vapor SS Ancón hace la primera travesía oficial por el Canal de Panamá. Del primer evento, el libro de Ángel Rubio, La Ciudad de Panamá, cuenta que: ‘El Panamá de Pedrarias Dávila fue un vivero constante de expediciones extraordinarias. En él se fraguó la aventura del Perú. Pedrarias, enamorado de las bellezas naturales de Nicaragua y deslumbrado por el rumor de los triunfos de Cortés, prefería que las expediciones siguiesen dirección del Noroeste. (...) Fue la primera etapa funcional de Panamá. Y la cumplió’.

Esta ciudad de Pedrarias, conocida popularmente como Panamá La Vieja, ciento cincuenta y dos años después de su fundación, y después de numerables violaciones a su integridad y a sus habitantes, sucumbió antes las amenazas que por siempre la acecharon. Dice Ángel Rubio que: ‘Un juego de fuerzas y energías la crearon; eran fuerzas propicias. Otro juego de fuerzas y energías hostiles, negativas, trabajaron sin descanso en su contra (...) Y al fin murió trágicamente’.

El segundo evento, la inauguración del Canal de Panamá, se dio como un propósito alentado durante siglos para facilitar el paso entre dos grandes océanos. El mismo Pedrarias, entre 1514 y 1526, por instrucciones de la Corona española, busca un paso seguro al Mar del Sur. En 1534, animado por las ventajas que para este fin provee el Istmo de Panamá, el rey Carlos V de España ordenó los primeros estudios topográficos sobre el terreno para la construcción de un canal transístmico. Después de esto, la historia es rica en acontecimientos y personajes, pero generalmente conocida. Casi 300 años después, opera el ferrocarril transístmico como eslabón de la ruta hacia el oro de California; el conde Fernando De Lesseps y el esfuerzo francés por construir un canal a nivel por el Istmo de Panamá y la capitulación de ese sueño; la tecnología y el ingenio de la época que permitieron —por parte de los norteamericanos— la construcción de un canal de tres esclusas que llevó a ese famoso primer tránsito del vapor Ancón.

Las dos fechas convergen en el mismo punto del calendario, para acentuar la importancia de esta semana en la vida de esta tierra, a lo largo de los siglos. Y hoy los dos temas, la ciudad y el Canal, vuelven a representar para la historia de nuestro país un punto de significativa importancia que marcará el futuro de sus habitantes.

La ampliación del Canal de Panamá, mediante la construcción de un tercer juego de esclusas, que se aprobó en referéndum el 22 de octubre de 2006, corresponde con la visión mantenida durante siglos acerca del aprovechamiento de la localización geográfica del país. Solo que anteriormente esa visión orientaba al Canal a servir al mundo de manera casi exclusiva. Hoy, el Canal no solo reafirma su vocación de cumplir el papel que debe jugar en el panorama de las rutas marítimas mundiales, sino que lo hace a partir del hecho de que constituye el recurso más estratégico del desarrollo de Panamá. Eso es lo positivo para el país.

Lo que queda de la ciudad que fundó Pedrarias, las frágiles estructuras de Panamá La Vieja, se debate entre el ruido y las vibraciones, en el centro de un desordenado engrandecimiento de la nueva ciudad. Carreteras y rascacielos contaminan el espacio visual alrededor de las ruinas y la circulación de miles de habitantes, en sus vehículos motorizados y sus apuros cotidianos, atenta contra las reminiscencias de la historia, la salud general de la población y la calidad de vida de todos. Las amenazas ya no son de los piratas y los corsarios. Cuatrocientos noventa y un años después de su fundación, la vida en esta ciudad se ve comprometida y amenazada por la falta de consideración hacia el ambiente.

Cuando diseñaron la nueva ciudad de Panamá a las faldas del Cerro Ancón, se tomó el cuidado de organizar cuidadosamente el trazado y funcionamiento de la ciudad. Las fuerzas actuales del llamado desarrollo, encuentran en esta fecha ambigüedades con esa disciplina histórica. Revisemos el momento para que las fuerzas destructoras no acaben ‘pulverizándola’, como señaló Ángel Rubio, y no acaben con el sentido de pertenencia y patria.

*COMUNICADOR SOCIAL.