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05 de Dec de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Orientación sexual... un derecho humano emergente

En el mes de agosto se propuso un anteproyecto ciudadano. Su contenido, prohibir por ley lo que costó años de lucha a otros grupos vulne...

En el mes de agosto se propuso un anteproyecto ciudadano. Su contenido, prohibir por ley lo que costó años de lucha a otros grupos vulnerables como las mujeres, los indígenas, los afrodescendientes, así como a panameños que laboraban en la ‘Zona del Canal’. La no discriminación, por razón de orientación sexual e identidad de género a puestos laborales, servicios públicos o privados de salud, a los centros de educación oficial o particular, impedir el acceso a lugares de entretenimiento, esparcimiento, ocio o diversión a una persona, estigmatizaciones, agresiones físicas o verbales y la difusión, por cualquier medio de comunicación masivo de imágenes que promuevan actos discriminativos contra una persona o colectivo. Nada tiene que ver con temas controversiales, como las uniones civiles, el matrimonio homosexual o la adopción por parejas del mismo sexo.

No es coincidencia que Coretta Scott King, la viuda de Martin Luther King, afirmara que ‘la homofobia se parece al racismo, el antisemitismo y otras formas de intolerancia, en que se busca deshumanizar a un grupo de personas, negándole su humanidad, su dignidad y su individualidad’.

Incluso, instituciones que contraponen el homosexualismo, como la Iglesia Católica, afirman en su Documento sobre la Atención Pastoral de las Personas Homosexuales que ‘Tanto el heterosexual como el homosexual, tienen una misma identidad fundamental: El de ser criaturas y, por gracia de Dios, herederos de la vida eterna’. Asimismo, el Catecismo católico refiere, sobre el trato a personas homosexuales, que se evitará, respecto a ellos, ‘todo signo de discriminación injusta’.

En Panamá, no sacamos buenas notas en cuanto a tolerancia. La homofobia, definida como aversión, odio, prejuicio o discriminación contra hombres o mujeres homosexuales campea en nuestra sociedad. Nuestros medios, tienden a recalcar estas diferencias. ‘Aleluyas contra Patos’, propugnaba un tabloide, estereotipando a ambos grupos, mientras los programas de ‘humor’ hacen de los afrodescendientes, gallegos, indígenas y homosexuales el blanco preferido de su sorna.

Tampoco somos signatarios de la Declaración de la Organización de las Naciones Unidas sobre Derechos Humanos, Orientación Sexual e Identidad de Género, firmada por más de 66 países, el 18 de diciembre de 2008. La declaración condena la violencia, el acoso, la discriminación, la exclusión, la estigmatización y el prejuicio basado en la orientación sexual y la identidad de género. Catorce países suramericanos lo firmaron, incluidos USA, Colombia y Nicaragua.

Los Derechos Humanos Emergentes, nacen como reivindicaciones de varios sectores de la sociedad civil, dirigidas a la reinterpretación o formulación de nuevos o renovados derechos humanos. Entre estos se consigna ‘El derecho a la autodeterminación personal, a la diversidad y autonomía sexual, que reconoce a toda persona el derecho a ejercer su libertad y orientación sexual’.

El cambio de estructuras mentales no es fácil. Nosotros, la mayoría heterosexual, crecimos en un mundo de valores cambiantes. El derecho individual de cada persona a vivir su sexualidad, choca con el arraigo colectivo de nuestra cultura judeo—cristiana. Incluso, tememos reconocerlo por la actitud de otros heterosexuales. Aceptar que nuestros principios no son los únicos, saber que todo lo que nos han enseñado sobre moralidad, es parte de un espectro de probabilidades dentro de la conducta humana, es la parte más difícil del convivir en un mundo donde ‘El respeto al derecho ajeno, es la paz’.

Cuando hablamos del derecho a la vida o al desarrollo, a disentir o a la diversidad, estamos hablando de la tolerancia. La tolerancia promovida, protegida y venerada asegurará la libertad, sin ella, no podremos asegurarnos de ninguna. En las palabras de un hombre sabio: ‘La fe produce respeto, y el fanatismo provoca el odio’, Kofi Annan.

*ASOCIACIÓN CONCIENCIA CIUDADANA.