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24 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Un presidente de verdad

Dentro de poco se cumplirá el primer aniversario del fallecimiento del presidente Guillermo Endara Galimany. Recordamos aquella apoteósi...

Dentro de poco se cumplirá el primer aniversario del fallecimiento del presidente Guillermo Endara Galimany. Recordamos aquella apoteósica manifestación de aprecio y de dolor de ciudadanos de todo el ámbito político y social, al paso del cortejo fúnebre bajo un sol inclemente y una pertinaz lluvia aquel 30 de septiembre. Fue el mérito reconocido al hombre íntegro por una trayectoria pública que encarnó valores trascendentes que deberían inspirar también hoy a los políticos criollos. En ese agridulce reconocimiento —con aplausos, lágrimas, pañuelos blancos— fuimos testigos de que todos los panameños, sobre todo los más humildes, compartimos los principios éticos que hicieron de él un Presidente de Verdad y un excepcional político, a quien se le podía mirar directo a la cara para comprobar la ausencia de engaño.

Muchos atributos adornaron su personalidad. Tuve el privilegio de conocerlo de cerca durante los últimos veinte años de su vida y de aprender, de su propia voz, algunas valiosas lecciones. Relato solo cinco de ellas.

Leal. Profesó lealtad invariable al Dr. Arnulfo Arias; lo acompañó en la formación de los nuevos partidos que fundó tras ser despojado de los anteriores. Su probidad le valió la designación como secretario general y vocero del partido que el Dr. Arias intentó infructuosamente formar antes de las elecciones de 1989. Despreció a los tránsfugas de la política y el incumplimiento de la palabra empeñada, porque ‘los pactos deben cumplirse por credibilidad, debido a que los políticos tenemos la mala fama de decir una cosa y hacer otra’.

Rebelde. Anidó una sana rebeldía contra lo inconsulto y las imposiciones arbitrarias. Se opuso al Ordinario Castrense; nunca aceptó la dictadura militar ni decisiones judiciales odiosas, ni la muerte de pacientes de hemodiálisis en el Seguro Social. Tampoco calló ante amenazas de destitución de funcionarios arnulfistas que lo apoyaron en un proceso electoral interno que encabezó sin éxito, asegurando que ‘con el arnulfismo yo solo tuve problemas a partir del año 2000 y tengo una larga trayectoria en ese movimiento. Siempre fui un rebelde, siempre tuve actos de rebeldía, pero dentro del partido’. Esa rebeldía le valió su expulsión y ser tachado de ‘este traidor’ por su ex copartidario José Miguel Alemán.

Transparente. No hubo dobleces en su vida pública. Como candidato criticó la ‘demagogia barata del candidato que se aprovecha de los anhelos y del candor del ser humano, para hacerle ofrecimientos absurdos y engañosos a sabiendas de que son inalcanzables’. Nunca hizo promesas ilusorias en campaña y una vez con ingenuidad admitió: ‘Creo que la gente me cree cuando hablo’. Como presidente celebró conferencias de prensa cada semana; acudían periodistas y reporteros para preguntarle sobre cualquier tema y para recibir una respuesta directa del propio mandatario. Al abandonar el cargo con conciencia tranquila, permaneció en Panamá sin necesidad de protección de guardaespaldas ni de inmunidad del Parlacen.

Valiente. Detrás de su aspecto campechano y pacífico, se escondía el hombre resuelto que jamás claudicó ante la persecución política, que expuso su vida muchas veces y a manos de los batalloneros aquel trágico 10 de mayo en la Plaza Santa Ana.

Demócrata. Convencido de la sacrosanta bondad de la democracia como sistema de gobierno, fue consecuente con ese dogma. Respetó la separación de poderes como garantía contra el poder hegemónico de un Órgano sobre otros y consideró la libertad de expresión, de información y la pureza del sufragio como elementos claves de una buena gestión. Con una Constitución Política que todavía confirma un sistema presidencialista, optó por autolimitar su propio poder para evitar excesos que, aunque permisibles, no le resultaban juiciosos en la delicada tarea de reconstrucción nacional.

Quizás la valoración más certera de su obra la resumió el mensaje del gobierno canadiense de condolencias por su fallecimiento, cuando expresó: ‘El presidente Endara condujo su país de vuelta a la democracia en 1989 y puso a Panamá de camino hacia la estabilidad y prosperidad’.

Que descanse en paz.

*EX DIPUTADA DE LA REPÚBLICA.