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01 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Sobre el honor

El honor es la buena opinión que se tiene hacia una persona por sus cualidades morales, o el actuar de acuerdo con las normas establecid...

El honor es la buena opinión que se tiene hacia una persona por sus cualidades morales, o el actuar de acuerdo con las normas establecidas en la sociedad, sean morales o legales. El honor puede ser visto desde distintos ángulos, sea como opinión o valoración en el sentido de probidad. El honor es un conjunto de valores morales que hacen que una persona obre con rectitud o la demostración de respeto que se puede tener para honrar a alguien.

Regulamos el honor en el artículo 17 de nuestra Constitución Política, como garantía de velación por parte de las autoridades y en beneficio de los panameños, donde se encuentren y de los extranjeros dentro de nuestra jurisdicción. El artículo 37 del mismo cuerpo legal, se refiere a las responsabilidades legales de quien expresa su pensamiento en palabras o por cualquier otro medio, pero con ello se atenta contra la reputación o la honra.

Nuestro Código Penal regula las conductas como la calumnia o injuria, por cierto, con penas irrisorias que no llegan al encarcelamiento y menos otras medidas cautelares. Todas las sentencias se pueden convertir en días—multas en perjuicio de este honor tan abrigado constitucionalmente, pero que, además, se excluyeron como demandantes a algunos funcionarios públicos. Esto fue un patinazo legislativo, porque se contradice con algunas normas. Ahora hay una fricción legal sobre esa desventaja entre los propios empleados públicos y sobre el derecho de demandar, frente al derecho de no ser demandados de algunos periodistas.

Claro que hay reglas para contener los abusos que han llegado a la jurisdicción penal cuando se trata de calumnia o de injuria, frente a ese aval que representa la fama pública y los derechos a la imagen, a la intimidad, a la privacidad, al nombre y apellido, a la buena fama pública. Nuestro Código de Familia se refiere al Estado como garante de ese respeto a lo enunciado (575). A dos numerales más se regula al uso exclusivo de la propia imagen, la que se puede reproducir en caso de previo consentimiento, pero estas normas no son más que enunciativas. Que no se diga que por guardar en secreto la fuente de la información se exima al periodista de su responsabilidad, porque no es cierto.

La auténtica investigación periodística es una bendición para sanear parte de la sociedad corrupta, la cual se vale de los poderes para avasallar a los débiles y de este modo señorear el falso ego superlativo. Por supuesto que entran las variables en juego, porque además del periodismo, está el medio masivo de comunicación que sustenta el éxito. Existen grandes informadores que en conjunción con la editorial, encuentran resonancia pública de su aceptación en cualquier sociedad, ávida de reglas del juego, pero con derechos en equilibrio sobre los que tienen y no tienen poder.

Lo que no podemos excluir son las mil y una formas que se puede utilizar para ofender a cualquiera, a través de un medio de comunicación masivo con la ventaja de ser un profesional de la pluma, por cierto una carrera que debe llenar de honor a quien la practica como debe ser. Seguro que hay periodistas valientes y de enfoque certero a los que nunca demandarán por su elegancia y buen juicio al emitir incluso opiniones. Otros en cambio, son promotores de exposiciones arteras que no los excluyen de los encausamientos por lo que dicen o sostienen sin poderlo probar.

Lo que sucede es que se puede expresar con ironía para dar a entender lo contrario de lo que se dice. El lenguaje tiene muchas facetas con fines aviesos, para lograr un sentido lesivo, como, por ejemplo, escribir o atacar sin nombre propio, pero con señas inequívocas para que el lector lo entienda, al extremo de que esa ironía se convierte en sarcasmo. Escribir una palabra entre comillas, con signos de exclamación o paréntesis. Los ‘emoticones’ (esas caritas redondas) no se excluyen del ambiente burlesco o gracioso o de la pedantería preñada de esos alardes de erudición para atacar a mansalva al resto de los mortales.

Hay en boga esas expresiones satíricas, con los dobles sentidos o las acostumbradas pantomimas en remedo, para referirse a determinadas personas con rasgos físicos particulares, sin el menoscabo de la genialidad de las caricaturas cuyo efecto es tan notorio que es muy común en los diarios, o la expresión cáustica, con el sinnúmero de las variantes en columpio con sus efectos incisivos, punzantes, mordientes, pero como la ironía se pierde entre la traducción la suelen utilizar en un sentido ordinario. Toda cultura incorpora su propia manera de metáfora lingüística y expresiones verbales. En tales casos, la traducción requerirá un cuidado extra, y quizás una explicación apropiada.

*ABOGADO Y DOCENTE UNIVERSITARIO EN LA MATERIA.