Según Díaz-Canel, las conversaciones han sido coordinadas con las principales instancias del Partido, el Gobierno y el Estado cubano
- 15/03/2026 00:00
83 años de amateurismo: la transformación pendiente del béisbol panameño
En Panamá hemos repetido durante décadas que el béisbol es el “rey de los deportes”. La frase se ha convertido en una especie de verdad nacional incuestionable. Lo escuchamos en transmisiones deportivas, en conversaciones con familiares y amigos e incluso en discursos públicos. Sin embargo, cuando se observa la realidad con un poco más de honestidad, surge una contradicción difícil de ignorar: el deporte que decimos que es el más importante del país sigue atrapado en una estructura profundamente amateur.
El campeonato nacional de béisbol, la principal competencia del país no es profesional. Han pasado 83 años de torneos nacionales, generaciones enteras de peloteros, dirigentes y fanáticos, y Panamá todavía no ha logrado transformar su principal liga en una estructura profesional. 83 años deberían haber sido suficientes para construir una industria deportiva organizada y sólida, con instalaciones modernas, estructuras financieras claras y oportunidades reales para que los atletas desarrollen su carrera dentro del país. Mientras en otros países donde el béisbol forma parte central de su cultura: Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, México, República Dominicana o Venezuela, el desarrollo del deporte se apoya en ligas profesionales consolidadas, Panamá continúa operando bajo un modelo esencialmente amateur.
Los jugadores del torneo nacional no viven del béisbol, los equipos funcionan con presupuestos limitados y la estructura del campeonato sigue dependiendo más de la tradición que de un verdadero proyecto deportivo moderno.
Esta situación no es producto del azar. Es el resultado de décadas de dirigencia con falta visión de largo plazo. El béisbol panameño ha estado atrapado en una estructura institucional donde la innovación ha sido escasa y donde las discusiones sobre reformas profundas rara vez se abordan y mucho menos se traducen en cambios reales sustanciales.
A ello se suma un factor que ha sido particularmente dañino: la politización de la dirigencia deportiva. En lugar de construir un proyecto nacional para modernizar el béisbol, muchas decisiones parecen responder a intereses y dinámicas políticas particulares que terminan debilitando aún más las deportivas.
La crisis también se refleja en la infraestructura deportiva. Resulta difícil hablar de modernización cuando el país mantiene proyectos inconclusos. El caso del estadio Rico Cedeño de Chitré, casa de uno de los equipos más ganadores del béisbol panameño, cuya remodelación lleva cerca de una década sin concluirse. A ello se suma la situación del histórico estadio Mariano Bula de Colón, una de las cunas del talento deportivo panameño, que también debió esperar muchos años y requirió una intervención para devolverle condiciones adecuadas y dignas al béisbol colonense.
Mientras tanto, provincias como Darién siguen esperando infraestructuras deportivas dignas, y en muchas regiones del país, incluyendo áreas rurales y comarcas, el desarrollo del béisbol depende del esfuerzo familiar.
A pesar de contar con pocas herramientas, Panamá ha tenido momentos importantes en el béisbol internacional e intenta ser un animador competitivo en torneos regionales, además de producir figuras que han dejado huella en el mejor beisbol del mundo, las Grandes Ligas. Pero ese talento muchas veces surge a pesar del sistema, no gracias a él. Son historias de esfuerzo individual, de entrenadores dedicados y de familias que empujan a sus hijos hacia el deporte con recursos limitados.
Pero criticar la situación sin proponer caminos de solución sería insuficiente. Si Panamá quiere rescatar y modernizar su béisbol, existen alternativas que podrían empezar a discutirse con seriedad y prontitud.
Una de ellas sería repensar el modelo de propiedad y gestión de los equipos. En países como España existen clubes deportivos administrados bajo un sistema de socios, donde miles de miembros de la provincia/comunidad participan en la propiedad y administración del equipo deportivo. Modelos similares podrían explorarse en Panamá para transformar las actuales estructuras provinciales en organizaciones deportivas con mayor transparencia administrativa y financiera.
Otra opción sería explorar la creación de una Comisión Nacional del Béisbol, concebida como una instancia técnica de orientación, coordinación y planificación estratégica dentro del marco de la Ley 50 de 10 de diciembre de 2007, conocida como la Ley General del Deporte. Su propósito no sería sustituir a la Federación Panameña de Béisbol ni a las ligas provinciales, sino fortalecer la planificación del desarrollo del deporte, promover transparencia administrativa y articular esfuerzos entre el Estado, el sector privado y las propias organizaciones deportivas.
Ninguna de estas reformas será fácil. Todas requieren voluntad política y una dirigencia capaz de pensar más allá de los ciclos administrativos y las rivalidades internas. Pero si el país no empieza a discutir y tomar acciones serias que se evidencien en transformaciones, el béisbol panameño seguirá atrapado en la nostalgia de sus glorias pasadas y en fracaso tras fracaso en los grandes torneos internacionales.
Y, en realidad, quizás este desafío no se limita al béisbol: es un reflejo del estado del deporte panameño en su conjunto.