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Panamá y Cuba, hace 67 años

Cayó Fulgencio Batista en Cuba lo que generó la euforia de los ciudadanos que aborrecían su dictadura. El 2 de enero de 1959, el embajador peruano José Francisco Mariátegui, que cumplía funciones como tal en Panamá desde agosto de 1958, informaba a la cancillería de Lima que un grupo de cubanos castristas radicados en el istmo tomaron pacíficamente la embajada y consulado cubanos que dirigía el Encargado de Negocios Eulalio Guevara. La misión diplomática cubana estaba ubicada en la esquina de las avenidas Cuba y Ecuador, frente a la plaza Porras, donde también estaba la embajada peruana lo que convirtió al diplomático peruano en un testigo ocular de los acontecimientos. Mariátegui señaló en su informe que periodistas del diario “La Hora” cubrieron la noticia y publicaron el editorial que llevó por título “Año de la Libertad”. Los ocupantes castristas izaron el pabellón cubano junto con la enseña del Movimiento Revolucionario 26 de julio de Fidel Castro en el frontis del edificio (Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, Caja 5-20-A, of.2,1959) mientras que la “Estrella de Panamá” recogía el hecho en primera plana con el encabezado “El final de otra dictadura” (MRE, Caja 5-20-A, of.3,1959).

Inmediatamente surgieron los temas jurídicos entre Cuba y Panamá. El canciller cubano Roberto Agramonte y el canciller Miguel Moreno Jr. se contactaron el 5 de enero por vía cablegráfica. Agramonte, por indicación del Presidente Provisional Manuel Urrutia, solicitó el reconocimiento del nuevo gobierno cubano. Moreno respondió a Agramonte que Panamá “continua las tradicionales relaciones diplomáticas con el nuevo gobierno de la hermana república de Cuba”, es decir, aplicó la doctrina Estrada que evade el reconocimiento explícito y lo sustituye por uno tácito al declarar que los vínculos entre el istmo y la isla continuaban (MRE, Caja 5-20-A, of.4,1959).

Los hechos se sucedían con rapidez. La Asamblea Nacional aprobó una resolución dejando constancia de la “gran satisfacción que el triunfo del Movimiento 26 de Julio representa el retorno a la libertad, la justicia y la democracia en Cuba”. El texto fue propuesto por Harmodio Arosemena Fortes del Partido Liberal Nacional. Dos parlamentarios de la Coalición Patriótica Nacional se opusieron -Víctor Navas y José D. Bazán- bajo el argumento de que el pronunciamiento implicaba involucrarse en política interna de un tercer país (MRE, Caja 5-20-A, of.5,1959). El asunto era particularmente importante porque la embajada de Panamá en Cuba había ofrecido asilo a varios funcionarios de la administración de expresidente Batista, pero el nuevo gobierno les negaba los salvoconductos para que pudiesen salir de la isla. La Estrella asumió la defensa de la soberanía de Panamá en la concesión del asilo y apoyó al gobierno en sus decisiones basándose en las Convenciones de La Habana (1928), Montevideo (1933) y Caracas (1954), las cuales -argumenta- debían respetarse (MRE, MRE, Caja 5-20-A, of.19,1959).

En la editorial del 14 de enero de 1959, la Estrella publicó que “no es admisible que las autoridades del Estado territorial [Cuba] discutan con el Jefe de Misión que ha concedido el asilo la procedencia o improcedencia de su determinación, debiendo, en consecuencia otorgar los salvoconductos que se hubieran solicitado”. Mientras tanto, el gobierno panameño se encontraba negociando con la isla la salida de nueve cubanos dentro de los alcances de la Convención de Caracas de 1954. En el grupo de refugiados cubanos se encontraba Bernardo Camares Camacho, exministro de justicia; Ramón Jiménez Macede, exministro de gobernación, y siete más. Cuando se produjo su salida de la embajada fueron acompañados por el propio canciller cubano Agramonte que los despachó por Rancho Boyeros en un avión con dirección al istmo (MRE, Caja 5-20-A, of.28,1959). En su informe, el embajador Mariátegui apuntó como hecho anecdótico que cuando esas nueve personas llegaron a Panamá, recibieron la repulsa de la población, de la opinión pública y de parte de la prensa que se negó a llamarlos “asilados o exiliados sino prófugos de la justicia popular de Cuba”. Ante la multitud encrespada, el gobierno decidió trasladar al grupo temporalmente a Colón,

Un poco más de un mes después, el 17 de febrero, con ocasión de la transmisión del mando presidencial, una delegación del nuevo gobierno cubano visitó Panamá. El grupo, que estuvo presidido por el capitán Jorge Enrique Mendoza del Movimiento 26 de Julio, permaneció cuatro días en la ciudad siendo recibido por Ernesto de la Guardia Jr., presidente de la República, y Eligio Crespo Villalaz presidente de la Asamblea Nacional, desarrollando además contactos académicos y periodísticos. Mendoza y la delegación cubana continuaron con su gira dirigiéndose a Colombia, Ecuador y el Perú (MRE, Caja 5-20-A, of.78,1959). El arribo cubano coincidió con la visita a Panamá del vicepresidente de la Cámara de Diputados del Perú, Carlos Ferreyros, representando al país de los incas en las ceremonias de sucesión presidencial (MRE, Caja 5-20-A, of.73,1959) haciendo posible un circunstancial encuentro con Mendoza y su equipo.

Han transcurrido 67 años de estos acontecimientos en Panamá donde el boom literario latinoamericano percibió a una naciente revolución cubana con intenso fervor romántico y político.

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