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29 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Encrucijada entre el águila y la gaviota

Nuestro poeta Ricardo Miró, el dulce visionario, le cantó a las gaviotas, aves marinas que aman los grandes espacios oceánicos. Así tamb...

Nuestro poeta Ricardo Miró, el dulce visionario, le cantó a las gaviotas, aves marinas que aman los grandes espacios oceánicos. Así también somos los panameños, amamos la libertad, la independencia y el derecho a decidir por nosotros mismos, tenemos el alma de rosa y músculos de acero.

Por eso nuestra nación con 500 años de historia tiene una constante que la caracteriza: la épica de la esperanza, actuamos con dignidad y autenticidad. Son muchos los panameños que nos legaron con su ejemplo y sacrificio la voluntad colectiva de luchar con perseverancia por la vigencia plena de los derechos y aspiraciones que hacen de Panamá una comunidad de intereses con un claro sentido de pertenencia. Los panameños hacemos de cada pena y ultraje un estandarte.

En el difícil, doloroso y traumático parto del ser nacional panameño, las águilas imperiales siempre nos han asediado (España, Inglaterra, Francia, EE.UU.) en su interés de apoderarse de nuestra ruta estratégica de importancia mundial.

En 1903 entran en colisión dos fuerzas antagónicas, definidas durante todo el siglo XIX. EE.UU., en su expansión colonial, logran el dominio territorial del Mar Caribe y el Pacífico Norte. Panamá, en su deseo manifiesto de organizar políticamente su unidad nacional, realiza varios actos separatistas del poder colombiano.

En 1903 esos distintos intereses confluyen al crearse la República de Panamá. La presencia del Coloso del Norte en el corazón geográfico del Istmo hasta 1999 ha obsesionado el debate de nuestra identidad nacional.

La expansión territorial de EE.UU. se realizó imponiendo la política del Destino Manifiesto, la Doctrina Monroe, el Gran Garrote y la Diplomacia del dólar. Así consolidaron los vastos espacios para sus águilas imperiales. La conquista del Oeste los lleva hasta el Pacífico, se apoderan de inmensos territorios desde Texas hasta la California; toman posesión de Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Guam y Hawái. Compran Louisiana, Alaska y la Florida.

Con el Tratado Mallarino—Bidlack de 1846 controlan el istmo de Panamá y construyen el ferrocarril transístmico. Surge el incidente de la Tajada de Sandía (15 de abril de 1856) y durante el siglo XIX se dan once intervenciones estadounidenses en el Istmo. Al Coloso del Norte solo le faltaba hacer el canal por Panamá para armar su rompecabezas geopolítico y dar el jaque mate a la Patria Grande de Bolívar.

Panamá en 1821, al independizarse de España, se une voluntariamente al sueño de Bolívar, la Gran Colombia (Venezuela, Nueva Granada, Ecuador). Los panameños habíamos participado, activamente, en los batallones que luchaban por la libertad de la América criolla. José D. Espinar se distinguió como jefe del Estado Mayor de Bolívar, fue su secretario privado y médico. Disuelta esa comunidad política se dan los intentos separatistas de 1830, 1831 y 1840. Se organiza el Estado Federal de Panamá de 1855 a 1885 y se protesta contra el centralismo colombiano con el Convenio de Colón de 1861.

La Guerra de los Mil Días (1899 — 1902) une a los istmeños contra el conservatismo bogotano. Belisario Porras y Victoriano Lorenzo, con Carlos A. Mendoza, Eusebio A. Morales y Domingo Díaz son los adalides de un movimiento independentista, truncado por el Coloso del Norte, que necesitaba sin demoras un canal.

Se da el rechazo del Tratado Herrán—Hay en 1903, simultáneamente Philippe Bunau — Varilla y los patriotas del Istmo sienten la urgencia de una acción redentora. El francés quiere salvar, por lo menos, cuarenta millones de la inversión del fracasado proyecto de Ferdinand de Lesseps. Actúa astutamente entre Washington y Panamá, favoreciendo siempre los intereses estadounidenses.

Manuel Amador Guerrero y José A. Arango liderizan a los conservadores del Istmo y conspiran para lograr la separación de Colombia. El águila imperial con Theodore Roosevelt y John Hay se aprovechan de las circunstancias y nos imponen el tratado Hay—Bunau—Varilla (1903) con la cláusula de perpetuidad y la creación del enclave colonial de la Zona del Canal. Son los tiempos del Panamá Cede.

El tres de Noviembre de l903 surge la República de Panamá, con una soberanía mediatizada. ‘I took Panama’ declara Theodore Roosevelt, el águila imperial con sus feroces garras atrapa a la indefensa gaviota. Pero desde ese instante trágico miles de gaviotas en bandada y en raudo vuelo, durante 97 años picotean las alas del águila y la derrotan. La perpetuidad solo les duró un suspiro en el devenir infinito del tiempo.

La historia oficial, deliberadamente, desconoce a los verdaderos protagonistas del acto separatista de 1903. Los generales Esteban Huertas y Domingo Díaz acuerdan una alianza estratégica para asegurar el respaldo del arrabal santanero, mayoritariamente liberal, al movimiento separatista. Esteban Huertas nunca confió en la dirigencia conservadora y los hechos le dieron la razón. Al desembarcar las tropas colombianas en Colón los conspiradores dejan solo a Manuel Amador Guerrero y en esa tarde de grandes decisiones llega al cuartel de Chiriquí una manifestación popular dirigida por Domingo Díaz. Esteban Huertas les entrega las armas y se constituye el primer ejército nacional que defenderá los ideales separatistas.

Los liberales panameños durante la Guerra de los Mil Días habían derrotado a las fuerzas colombianas y la intervención de EE.UU. impidió el triunfo istmeño. Para el Coloso del Norte era más cómodo negociar con Colombia el canal, pero las contradicciones internas del país, agudizadas por sus conflictos políticos los llevan a rechazar el Tratado Herrán—Hay el 12 de agosto de 1903. Y en ese instante crucial los istmeños, que durante todo el siglo XIX manifestaron su determinación de ser independientes, actuaron con prontitud. Se dio la encrucijada entre el águila y la gaviota.

Al celebrar la institucionalidad republicana de la nación panameña, podemos proclamar con orgullo que la perpetuidad impuesta por las águilas imperiales, los panameños, con tenacidad y patriotismo, le dimos fin con una épica que aglutinó a distintas generaciones.

Hoy, son muchos los retos que debemos afrontar, pero la juventud panameña, inteligente y profesionalmente capacitada, hará del Siglo XXI la patria que todos queremos.

El poeta Ricardo Miró, ‘con verso vigoroso y sonoro’, vaticinó ‘la angustia de la carne y el oro amasados con sangre por la raza futura’ (9 de Enero de 1964).

Las gaviotas vencieron al águila...

*EDUCADOR Y ESCRITOR.