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Nombres panameños en Lima

“A principios de la segunda media centuria del siglo XX, el mundo ofreció el espectáculo de que muchas naciones tuvieran gobiernos regidos por militares, a saber: Estados Unidos, General Dwight D. Eisenhower; Panamá, Coronel José Antonio Remón Cantera; Argentina, General Juan D. Perón; Chile, General Pedro Ibáñez; Perú, General Manuel Odría; Cuba, General Fulgencio Batista; República Dominicana, General Héctor Trujilo; Haití, General Paúl Magliori; República de El Salvador, General Oscar Osorio; Nicaragua, General Anastasio Somoza; Colombia, General Gustavo Rojas Pinilla; Guatemala, Coronel Jacobo Arbentz; y Venezuela, Coronel Marcos Pérez Jiménez” (Ernesto Castillero, Revista Lotería Nro.44, julio 1959).

Como correlato a esta presencia castrense en la política latinoamericana, se incrementaron las acciones vinculadas a tender puentes cívicos entre aquellas naciones que, en su pasado histórico, contaban con la grata coincidencia de tener héroes o figuras patrióticas comunes. Una de esas manifestaciones fue el bautizo de diversos parajes urbanos -calles, pasajes, plazuelas y quintas- con nombres de personajes que recordasen esas coincidencias. La ciudad de Lima no fue la excepción y en la década de 1950 varios lugares de la urbe recordaron a ilustres panameños como el ‘pasaje Arosemena’ en honor a Mariano Arosemena de la Barrera (26 julio de 1794), historiador, fundador de “La Miscelánea” (1820), signatario del Acta de Independencia de Panamá de 1821. Fue Ministro de Colombia en el Perú y delegado al Congreso Americano de Lima. Murió en la capital peruana el 31 de mayo de 1868.

Otro ejemplo fue el ’pasaje Obaldía’ para rememorar a José de Obaldía Orejuela (19 julio de 1806), abogado, gobernador de Panamá en 1845, 1849 у 1858. Senador y Representante en varias ocasiones. Presidente de Colombia de 1851-1852 у 1854-1855. En 1835, conjuntamente con el general Pedro Bermúdez, “hicieron amistad con [el general y héroe hondureño Francisco] Morazán, en Costa Rica, país al que había llegado Bermúdez acompañando en su exilio al derrocado presidente peruano José La Mar. Gracias a la labor epistolar del peruano, la trayectoria de Morazán ‘fue conocida en la capital del Perú, donde contaba con numerosos simpatizadores de su causa’” (Aizpurúa, 1959, citado por Raffo, 2025). Durante el exilio de Morazán de dieciséis meses en Panamá, Obaldía fue su benefactor y le brindó las condiciones materiales necesarias para que el ilustre personaje redactase el ‘Manifiesto de David’. Obaldía murió en Chiriquí el 28 de diciembre de 1889.

Un tercer exponente de esta tendencia urbana fue el ‘pasaje Méndez’ para conmemorar el trabajo diplomático de Juan José Méndez (28 julio de 1870) en el Perú. Político y literato, fue Secretario de la Gobernación de Panamá en 1880, Tesorero Municipal de Colón y Diputado a la Asamblea Departamental de 1896. Con el advenimiento de la República de Panamá fue Secretario de la Junta de Gobierno de 1903; Secretario de la Legación de Panamá en Lima, Tesorero General de la República en 1910; Director de Correos y Telégrafos y Gerente del Banco Nacional. Falleció en la ciudad de Panamá el 29 de mayo de 1941.

Cabe precisar que, en el lenguaje urbanístico capitalino, los ‘pasajes’ son “los espacios físicos (callejones, pasadizos) que conectan zonas de una ciudad, mejorando la conectividad y la experiencia peatonal” (Instituto Nacional de Estadística, 2025). Sin embargo, con la construcción de la Vía Expresa en 1967 -arteria vial que atraviesa la capital peruana de noroeste a sur- éstos y otros pasajes desaparecieron para dar paso a una moderna autopista. Para el investigador Chambi, “Lima está hecha sobre una red de caminos que es mucho más antigua que ella misma. Ese es el caso de la Vía Expresa, la cual anteriormente fue un camino inca, fue una de las rutas del Qhapaq Ñan. (...) Anteriormente, también fue punto de tranvías. Se dice que Ramón Castilla hizo una vía en el siglo XIX para encajar Lima con Chorrillos” (La República, 30 marzo de 2023). Afirma Chambi que “si bien se desconoce por qué se construyó la Vía Expresa sobre [una sección del] Qhapaq Ñan, los incas no seleccionaban cosas al azar. Es probable que esa ruta haya sido más plana, que no haya tenido tantas irregularidades. También [pudo haber sido por] la existencia de huacas, porque Lima, a inicios del siglo XX, tenía muchas huacas que hoy en día se han destruido”.

Han transcurrido casi sesenta años con un extraordinario cortejo de peripecias y hechos, un extenso discurrir de días inquietantes cuando se trata de salvar una obra cívica -como son los tradicionales pasajes- amenazada por lo precario y azaroso de la política continental y la hiperurbanización. Ese es el plazo precisamente para reconciliar y armonizar políticas urbanas y para impeler a las administraciones ediles hacia la adopción de decisiones que faciliten acoplar lo tradicional con lo nuevo.

*El autor es exembajador del Perú en Panamá, Honduras y Guatemala
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