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23 de Jan de 2021

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Genaro López

Columnistas

Somos del pueblo y al pueblo nos debemos

Los candidatos del Frente Amplio por la Democracia (FAD), auténticos hijos del pueblo, hemos recorrido calles y veredas.

Los candidatos del Frente Amplio por la Democracia (FAD), auténticos hijos del pueblo, hemos recorrido calles y veredas, comunidades urbanas y rurales, áreas indígenas, no llegamos en helicópteros, no guardamos distancias, no propiciamos clientelismo político, ni realizamos falsas promesas.

En esa unidad con el pueblo, hemos llevado adelante una nueva forma de hacer política: transparente, honesta, cara a cara; presentándoles nuestro programa de gobierno Nace la Esperanza, el cual es un claro reflejo de las luchas históricas del pueblo panameño por el derecho a una vida digna, en equidad y justicia social.

En cada caminar hemos encontrado hombres y mujeres que claman por la atención de sus demandas sociales, mismas que la partidocracia les ha negado gobierno tras gobierno, a pesar del endeudamiento en que han sumido al país.

Conscientes de la necesidad de refundar el país, han acogido la propuesta de organizarnos para levantar una nueva constitución política a través de una Constituyente Originaria, que permita, por primera vez en la historia patria, que las mayorías sean partícipes de establecer la normativa máxima que define las reglas de funcionamiento social.

En ese conversar hemos intercambiado sobre las causas y efectos de los problemas que nos aquejan, juntos hemos intercambiado soluciones a los problemas nacionales y locales. Analizamos las causas de la pobreza y del alto costo de la vida, y por qué estos problemas no han sido resueltos por ninguno de los partidos políticos tradicionales, a pesar de mantenerlos en sus campañas y discursos electorales.

Llegamos a la conclusión de que entre las preocupaciones de los pobres resalta la galopante corrupción que envuelve la esfera pública (Caso Finmeccanica, CEMIS, FIS, Punta Mala, privatizaciones, etc.), donde gobierno y falsa oposición han sido responsables de la misma, sin que hasta la fecha se haya investigado, juzgado y condenado a los responsables. Y nuevamente caemos en los acuerdos y pactos entre ellos, garantizándose la partidocracia la más completa impunidad.

Como se ve, es justamente la ubicación de los pobres, en el discurso electoral, lo que quizás ha marcado con mayor rigor, la desfiguración de la democracia y del Estado Social de Derecho democrático y participativo.

Para la partidocracia, los pobres en el discurso, no son más que un recurso retórico, un comodín, hacia esa hibridación del Estado, pero sumamente importante, en tanto representan el anhelado ‘capital político-electoral’, de los políticos del nuevo empresarismo electoral, al que son su más valiosa ‘materia prima’.

Esto provoca que los pobres sean tratados como un sector alejado de la sociedad, cuantificable y tipificable en cifras electorales. Estamos hablando de más de un millón de panameños a los que se les utiliza en el discurso electoral por parte de los partidos tradicionales. Sino por qué no se ha resuelto las causas de la pobreza, por qué no se pone en el debate el tema de la democracia económica y la distribución de la riqueza.

Finalmente, el discurso de la partidocracia intenta redefinir el lugar que ocupan los pobres y la pobreza en la sociedad: ‘La pobreza aparece como ‘efecto no deseado’ de las políticas de globalización neoliberal, mismas que ellos han ejecutado. Su mención no se refiere estrictamente a la clase trabajadora, ni a los desocupados, ni a los marginados. Se trata de una categoría técnica fijada por índices, promedios. Los pobres y pobreza, por lo tanto, se desemantizan y forman estratégicamente parte del discurso electoral de los partidos tradicionales y sus grupos de poder’.

Solo el FAD ha puesto en el debate la ausencia de democracia económica en el país y la mala distribución de la riqueza. Solo el FAD ha planteado la necesidad de romper con el neoliberalismo por excluyente e inequitativo. Quienes integramos el FAD, como parte del pueblo, solo nos debemos al pueblo. Por eso, este 4 de mayo saldremos a votar, pero nunca más por los mismos.

SINDICALISTA