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16 de Jan de 2021

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Jorge Luis Macías Fonseca

Columnistas

Llegó la hora de la verdad

A pocas horas de que el país escoja por la vía de las elecciones directas a los que han de dirigir los destinos del Estado

A pocas horas de que el país escoja por la vía de las elecciones directas a los que han de dirigir los destinos del Estado panameño en todos sus niveles, la tensión está presente.

Estas elecciones han permitido medir, por lo menos desde lo que se ha dado por llamar la clase política, hasta a la misma población votante. Los políticos han diseñado una forma muy particular de impulsar sus ofertas electorales. Distinto a otros momentos electorales, la diatriba se convirtió en el principal instrumento, y la chocantería y lo insulso fueron el contenido de un discurso ayuno de propuestas serias. La imaginación política llegó a ofrecer lo impensable, y el contexto político adquirió una extraña forma.

Los debates al menos pretendieron incorporar un elemento en la escena electoral, y más que la orientación y la docencia en cuanto a cómo se iban a enfrentar los principales problemas sociales, los participantes le dieron la vuelta, teniendo por motivo principal salir bien librados de la conversa. Los veíamos: con aliento a poesía, poses magistrales, jugando al torero, al niño tierno, y a Tres Patines. La expectativa que levantaban se asemejaba a la de las contiendas deportivas, para al final terminar con el desaliento de que alguien dijo muy poco, uno absolutamente nada y otros prefirieron lo burlesco.

La población, aglutinada entre los partidos políticos y los verdaderos independientes, fue espectadora de un drama que puso de manifiesto la pobreza a la que asiste la política en Panamá. El retroceso es evidente. No hay hombres visionarios e idealistas. No existen individuos comprometidos con la suerte del país. Hace falta quien concite la voluntad de los panameños a través de consensos bien construidos, quien formule la idea de un país realmente democrático en donde las oportunidades sean equitativas, quien entienda bien los derechos de las minorías étnicas, quien procure que los recursos que se generen lleguen a todos, quien tenga a la cultura, el deporte, el turismo, la educación, la salud, el agro, el patrimonio histórico, como temas de Estado, quien conciba una justicia imparcial con certeza del castigo, que tenga a la prensa como un aliado para el impulso de sus programas, que haga que la religiosidad encuentre el camino de la redención del hombre por el camino espiritual y no político, quien enseñe que los hombres nacionales, aportadores al progreso del país, son ejemplos edificantes, que tenga al ciudadano como parte importante de la gestión gubernamental y no simplemente como un subordinado que debe servir a sus intereses, y quien comprenda que lo cardinal está en fortalecer la panameñidad para cohesionar la conciencia de país.

Entonces, llegado el momento electoral —como será mañana, 4 de mayo—, tocará elegir a quien pueda acercarse más al individuo que necesita la nación para dirigirla y quien pudiera estar en la línea del ideal de gobernante al que aspiramos.

DOCENTE