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23 de Jan de 2021

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René Hernández González

Columnistas

Testigo de un accidente aéreo

La primera reacción, de los que estábamos cerca del sitio, fue la de correr con desesperación

El ruido fue ensordecedor; era como si un meteoro cayera al pavimento. A los pocos segundos un fogaje se apoderó del perímetro; la gente corría de un lado a otro, mientras un grupo de amigos y yo, deteníamos el juego de dominó. Estábamos a menos de 20 metros de la tragedia. El reloj de mi celular marcaba la 1:48 p.m., de aquel 29 de mayo de 2008. Ondas de calor se apoderaron de mi estructura humana. La primera reacción, de los que estábamos cerca del sitio, fue la de correr con desesperación. Un ruido estruendoso se oyó; pensé que un meteorito había caído o que una bomba había explotado. Luego de segundos de estupor, de asombro, me dirigí al lugar de donde provino el ruido y el calor.

Observé parte de la cabina de un helicóptero y oí la voz desesperada de alguien que preguntaba ¿cómo están los demás? A cinco metros yacían tirados varios cuerpos que no mostraban signos de vida. El escenario era dantesco; me hacía recordar los pasajes de esa Divina Comedia infernal. Colgado a mi hombro derecho pendía una mariconera en cuyo interior descansaban una grabadora digital y una cámara. El sitio donde cayó el aparato está ubicado entre la calle Q y la Avenida Central, corregimiento de Calidonia.

Mi conciencia comenzó a luchar; una parte de ella apostaba por el ejercicio de la profesión y la otra me recordaba la solidaridad en acontecimientos como éste. Gracias a Dios pudo más la nobleza, la moral, la ética. Hice remembranzas sobre los consejos que les doy a los futuros periodistas de la Universidad de Panamá. Comenzamos la labor de apoyo; con vida fueron rescatados el piloto y el copiloto. Al sitio llegaron patrullas de la Policía Nacional, del Cuerpo de Bomberos y del Sistema Nacional de Protección Civil. Luego supe que el piloto murió a las pocas horas.

Lo narrado, con anterioridad, pasó en casi 10 minutos. Siendo la 1:58 p.m., llamé a la cabina de RPC Radio. La conductora de la Tarde Espectacular, Didia Gallardo, contestó. Le expresé, con una voz muy desesperada, que un accidente había ocurrido. Ella, sin saber de la magnitud, me mantuvo en línea por casi diez minutos; se acercaba el cambio de las dos y la estación tenía que cumplir con los compromisos comerciales y el micronoticiario de la hora.

Mientras pasaba el tiempo pensé cerrar y llamar a otra estación. Es posible que la lealtad a un medio, donde trabajé por más de diez años, me hiciera esperar con paciencia. RPC fue el primero en difundir los sucesos de la caída del San 100; después del despacho noticioso llegaron camarógrafos, fotógrafos y decenas de periodistas. Sé que si Gallardo hubiese conocido la magnitud del problema habría roto la programación regular.

Las autoridades calificaron el hecho como error humano aunque fuentes que pidieron reserva de su identidad, resaltan que la falta de mantenimiento y la ausencia de unas piezas, pudieron ser la causa del siniestro. Se perdió casi una docena de vidas, siendo la más relevante el jefe de carabineros de la hermana República de Chile, José Alejandro Bernales. Además de Bernales, murieron su esposa, Teresa Bianchini; el comandante Oscar Tapia y su esposa, Carolina Reyes Cruz; el comandante Ricardo Orozco Ugalde y el capitán Mauricio Fuenzalida, todos ellos chilenos.

El helicóptero se dividió en varias partes a causa del impacto; el copiloto, Ernaldo Carrasco único sobreviviente, días después declaró que fallas mecánicas y errores humanos, motivaron el accidente. Dejo constancia de que lo primero que le escuché a Carrasco fue preguntar por la seguridad de los demás pasajeros del San-100. A la subcomisionada María de Celis, chilena nacionalizada panameña, fallecida en el accidente, la conocí en 1981, cuando ella trabajaba en la Dirección de Asuntos Estudiantiles del Ministerio de Educación. Me dolió mucho ver cómo quedó, al igual que la situación de los demás. Fue una amarga experiencia que lamentaremos por siempre.

El helicóptero viajaba de la ciudad de Colón hasta la capital. El aparato debió aterrizar en el hotel Miramar, pero los fuertes vientos lo impidieron. El hecho ocurrió en el último año de gobierno de Martín Torrijos. El caso se cerró con una indemnización y las respuestas diplomáticas respectivas hechas por la administración de Ricardo Martinelli. También recibieron compensación, los familiares de los panameños muertos. Panamá desembolsó casi diez millones de dólares en este proceso. (El autor fue Secretario de Prensa, de la Presidencia de la República).

PERIODISTA