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01 de Jun de 2020

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Mariela Sagel

Columnistas

Cinco años inolvidables

‘El colmo del insulto ..., ha sido la entrevista que dio el presidente al periodista de CNN a mediados de esta semana’.

El eslogan que ha usado el gobierno saliente, que en tres semanas abandona el poder —dejando minado el terreno para que el gobierno entrante no la tenga nada fácil— fue, el año pasado, más en 4 años que en 40, con la adaptación de este año más de 5 años que en 50. Ya he mencionado lo irracional de ese eslogan, que siguen repitiendo en cuñas (malgastando el dinero de todos), puesto que sin las obras que se hicieron en gestiones anteriores, desde hace más de 50 años, no hubiera sido posible hacer las infraestructuras que añaden modernidad y también disparidad a la población panameña.

Todos los días la crispación de la población aumenta por las noticias que aparecen a diario sobre el uso de fondos públicos para proselitismo, de manera descarada. Es inaceptable que comunidades que no cuentan con servicios básicos como agua potable o alcantarillado, hayan manejado partidas que ascienden a millones de dólares, que se usaron para la compra de cédulas y para regalar cosas tan perecederas como bolsas de comida o teléfonos celulares. O las juntas comunales no tienen controles y se han convertido en los mayores lavadores de dinero, o los controles que deberían imponer la Contraloría General, Fiscalía Electoral, el Órgano Judicial y la Procuraduría son inexistentes.

Para echarle más sal a la herida, hemos llegado a unos índices de corrupción nunca antes vistos, y el clientelismo se ha apoderado del más puro de los políticos, sea éste del partido que sea. No estoy segura si esta situación es reversible, pues tendríamos que hacer una depuración de cuerpo y alma, que incluiría un cambio de actitud, muchas de las cuales están arraigadas desde el ADN de un par de generaciones.

Hace cinco años me fui de viaje con una de mis hermanas, para no estar presente en lo que estaba segura que iba a ser un gobierno desastroso, pues conocía al monstruo, pero confieso que me he quedado corta en mis previsiones. No acepto los alegatos de los que hoy día se dan golpes de pecho diciendo que el presidente pudo haber sido el mejor que ha tenido Panamá, pues esas mismas personas han aceptado, algunas públicamente, que conocían de sus pocos escrúpulos, pero ante una amenaza como la que pintaron, de supuesta incidencia del gobierno de Chávez, hicieron mutis para obviar la poco edificante trayectoria del ocupante saliente del Palacio de las Garzas.

No he tenido descanso durante estos cinco años. Los incidentes en Bocas del Toro y en Chiriquí, los quemados del Centro de Cumplimiento, la guerra contra la construcción de la Torre Financiera en los predios del Hospital Santo Tomás, la batalla perdida contra la construcción de la tercera fase de la Cinta Costera, el ataque a los colonenses y un sinfín de desmanes, me han tenido tan ocupada, que siento que han sido 50 años, no 5, pero de angustia, preocupación y protestas. Lo peor ha sido la mentira rampante y la aceptación aparente de la población, y la primera no les funcionó para nada a la hora de los votos, puesto que, a pesar de haber inaugurado precipitadamente el Metro, proyecto emblema de la gestión martinellista, y encima ofrecerlo gratis, ni así los reeligieron.

El colmo del insulto a la población, que ha resultado más sabia de lo que se percibía y con su manifestación en los votos se reivindicó, ha sido la entrevista que dio el presidente al periodista de CNN a mediados de esta semana. El que lo ve fuera de Panamá, pensará que en Panamá andábamos con guaricha y tomando el agua que caía del cielo. Sería interesante saber cuánto pagó por esta entrevista, que seguro va a enardecer más los sentimientos contra el que unos ilusos señalaban como ‘el que tuvo la oportunidad de ser el mejor presidente’.

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