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02 de Dec de 2020

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Jorge Luis Macías Fonseca

Columnistas

Abajo y arriba el rey

Ricardo Martinelli, se constituye en un pasado inmediato, que deja una estela de realizaciones materiales en el país

Esta expresión significa tanto como aquellas frases: ‘El rey ha muerto, viva el rey’, o ‘el rey ha muerto, larga vida al rey’, usadas en la sucesión de las monarquías, o también la empleada con regularidad: ‘A rey muerto, rey puesto’, que guardando las proporciones, en el lenguaje político-doméstico panameño, equivale a: ‘Tongo ‘bota’o’ no pone boleta’.

Ricardo Martinelli, se constituye en un pasado inmediato, que deja una estela de realizaciones materiales en el país, que para muchos significaron importantes avances, pero que también para otros, serios cuestionamientos, por lo que llamaron la afectación de su gobierno a la institucionalidad, interesante soporte de la democracia.

Vista su figura como altamente conflictiva y autoritaria, al punto de calificar su gestión como la de un dictador, promovió una forma de hacer gobierno que generó grandes contradicciones, pero también muchas satisfacciones. En Ricardo Martinelli, se encarnaba el poder, y como siempre ocurre, hubo a su alrededor un séquito que con vivas respaldaban su gestión. Todo era asentido y todo consentido. Y como también ocurre todo el tiempo, los círculos se achican y el rechazo con bríos, aparecen los momentos de las derrotas.

Ya se van esfumando en las mentes ciudadanas los metros, las cintas costeras, las carreteras, los hospitales, los aeropuertos, etc. Ayer se justificaba todo, sin prestar atención a los llamados sobrecostos, argumentando que si ‘metían la mano’, por lo menos estaban haciendo algo, hoy se niega todo con el supuesto de que la población no se alimenta de concreto ni de cemento, y que lo malo fue no bajar, pudiendo hacerlo, la canasta básica familiar. Ricardo Martinelli ya va siendo el ‘rey muerto’, que deja el poder con un sabor amargo, por el impacto de un fracaso electoral que nunca lo pensó. Y tal como dijese Shakespeare en Hamlet, y diríamos nosotros —que para muchos— ahora: ‘Algo huele a podrido en Dinamarca’. Definitivamente que con Martinelli, se cumple la frase: ‘El rey ha muerto, viva el rey’.

Y como ocurre en nuestra sociedades, el interés humano se ubica siempre en la línea de los vencedores, y con salva y vivas, anuncian la ascensión del ‘rey puesto’. El pasado entonces, es recordado con pocas virtudes, pero sí con muchos vicios. Nada se hizo bien, y casi absolutamente todo resultó malo, por lo que con la llegada del nuevo hombre, llena de expectativas, se debe rehacer la sociedad para beneficio de los ciudadanos.

Juan Carlos Varela, es ahora a quien se le desea ‘larga vida’, en virtud de que ya ‘ha muerto el rey’. Al cabo de cinco años, la experiencia de poner y quitar reyes, volverá, porque la idiosincrasia istmeña es así, sin importarle si la labor se hizo bien, porque al fin y al cabo hay que bajar a quien se sube.

Las experiencias son loables cuando son enseñadoras. Para quienes asumen el control del gobierno, hay que mirarse en espejos ajenos. No obstante, independiente de todo, hay que actuar como afirma el poeta Amiel: ‘Como si la vida fuese justa, como si la patria fuera agradecida y como si los hombres fueran buenos’.

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