Temas Especiales

29 de May de 2020

Fermín Góndola

Columnistas

Recordando a Juan Navas Pájaro

Navas Pájaro no fue la única víctima de las tropelías del aparato castrense al servicio de la oligarquía

A cuarenta y ocho años de ocurrido, resulta imperdonable que ningún colonense, de derecha, izquierda o centrista, haya hecho referencia a los acontecimientos de Colón, de aquella aciaga mañana del 6 de junio de 1966, y días subsiguientes, cuando, de manera extraña y sospechosa, apareció, en lo que se conocía como el corredor de Colón, el cuerpo sin vida del estudiante Juan Antonio Navas Pájaro, mártir del 9 de Enero de 1964, y héroe de las luchas sociales del pueblo panameño, especialmente de la costa atlántica, donde transcurrieron sus años mozos, en busca de una mejor calidad de vida de su patria chica y del país en general.

Se comenta que fue la oligarquía criolla, en contubernio con el imperialismo ‘Yanqui’ y sus esbirros criollos de la Guardia Nacional, a través de sus nefastas y oscuras agencias, las que cercenaron la vida de este humilde joven colonense, cuyo único pecado fue profesar ideas distintas a las de la clase dominante en Panamá, y haber asistido a la Unión Soviética a buscar ayuda médica para que le extrajeran los perdigones producto de su valentía tras enfrentar a las tropas imperialistas acantonadas en la Zona del Canal de Panamá, dos años antes.

Navas Pájaro no fue la única víctima de las tropelías del aparato castrense al servicio de la oligarquía panameña, pero sí fue la chispa que encendió los acontecimientos patrióticos de junio, que se desarrollaron en las 16 calles y avenidas de la urbe colonense.

Como desagravio, el presente escrito está dirigido a rendirle un homenaje póstumo al estudiantado del colegio Abel Bravo y al pueblo colonense en general, que estoicamente resistió la embestida salvaje de la entonces Guardia Nacional, que encarnaba las aspiraciones del imperio Yanqui en su lucha anticomunista en el mundo, a través de lo que se denominó el ‘macartismo’, el cual refleja su máxima expresión en la mal denominada clase política que gobernaba Panamá, en donde todo lo que le representaba izquierda, era reprimido de manera brutal, verbigracia los carcelazos de la dirigencia política colonensa progresista, hasta endilgarle la muerte de su compañero de lucha y otros presuntos ilícitos.

Por supuesto, dentro del movimiento de carácter social reivindicativo estaban infiltrados los llamados quinta columnas, como lo fue el caso de Moisés Granados, lo que permitió que dirigentes de la talla de Antonio Yépez De León, el propio Navas Pájaro, Rolando Sterling, Félix Dixon y otros, fueran llevados a las mazmorras.

A los próceres de esa época, los verdaderos guías de juventudes, mi eterna gratitud y la de mi pueblo, estos incidentes marcaron un hito en las luchas sociales generacionales de la sociedad panameña de la década de los sesenta, donde contradictoriamente se vivía un gran auge económico, en función del positivo crecimiento económico que experimentábamos los panameños.

La máxima impronta de nuestro hermano de raza y rebeldía, la definen los movimientos sociales durante ese decenio, como la punta de lanza que culminó posteriormente con la recuperación de la soberanía plena en todo el territorio nacional, aunque también desembocó en la abrupta interrupción de la vida democrática, expresada con la conducción política del destino nacional, por parte de la guardia nacional, a partir del 11 de octubre de 1968.

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