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02 de Jun de 2020

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Mariela Sagel

Columnistas

El que tenga miedo...

‘El nuevo gobierno tiene muchos retos por delante (...), puede hacer las cosas bien’.

Northfield, MN— Un refrán popular reza ‘El que tenga miedo, que se compre un perro’ y es lo que se le debería decir al presidente saliente ante el exabrupto de que él y su familia necesitan protección extra (escoltas a montón) hasta por diez años. Y con esa perorata ha puesto a los deshonorables diputados a laborar en sesiones extraordinarias para que le aprueben una ley, misma que solo contó con el respaldo de la bancada oficialista.

Acusaciones con pruebas escandalosas que demuestran cómo se usaron los recursos del Estado a través de juntas comunales, paupérrimas algunas, donde no hay ni agua potable ni alcantarillado y mucho menos luz eléctrica, para comprar conciencias y regalar electrodomésticos, bolsas de comida y materiales de construcción a cambio de votos, no son suficientes para que la población panameña despierte del marasmo en que ha estado estos cinco años.

La temeraria solicitud para que los magistrados del Tribunal Electoral se separen del cargo, sin haber concluido el período electoral, en respuesta a cantinflescas denuncias interpuestas por los testaferros del régimen, suman más a la realidad macondiana que se vive a diario en este quinquenio que agoniza, pero desde el cual no se vislumbra que haya un cambio de política de Estado que saque a ese gran porcentaje de la población panameña que aún vive en la pobreza.

Los que fueron dirigentes de la Cruzada Civilista en los años 80 (de la cual yo también formé parte) parece que finalmente vieron la luz. En un comunicado señalan del irrespeto y chabacanería al que nos ha sometido este gobierno y este presidente. Ese mismo irrespeto a la población, a las instituciones, a las promesas de campaña, a su familia, ha sido lo que he criticado aún antes que llegara al poder, por conocer su extravagante falta de escrupulosidad en todas las acciones de su vida.

Esa chabacanería que ha hecho que una juventud lo imite, porque, a falta de políticas culturales que dirijan y orienten el país por un camino decente, lo que se ve en las figuras públicas es lo que se toma como bueno. Estamos empezando a despertar de una pesadilla, pero la resaca está siendo francamente tormentosa, porque no se ve el horizonte muy claro en cuanto a que se pueda enderezar el torcido rumbo que llevan las cosas.

En una asamblea reciente del Movimiento por el Rescate de la Identidad Panameña, nos planteábamos el asunto de la abolición de impartir la cátedra de Relaciones de Panamá con los Estados Unidos como tarea pendiente a rescatar en este año en el que se cumple un siglo del Canal. El consenso de entre los que aún podemos darnos el lujo de pensar y soñar por un país íntegro y con autoestima, es que esas relaciones no son una historia que pasó, sino una evolución constante, que hoy día debe seguir siendo estudiada, no es estática, es permanente, como lo es el cambio, según decían los filósofos griegos (si mal no recuerdo, se atribuye a Heráclito la frase ‘lo único permanente es el cambio’).

El nuevo gobierno tiene muchos retos por delante: tiene que demostrar que, aunque no fue beneficiado por la gran mayoría de los votos para presidente (como lo fue el loco que tenemos todavía en al Palacio de las Garzas, que lo ha convertido en el Palacio de la Farsa), puede hacer las cosas bien.

Debe desvincularse y rendir cuentas de los 26 meses que estuvo al lado del presidente que hoy todo el mundo deplora y, sobre todo, tiene que rescatar un país que se hunde en la incultura, la chabacanería y la falta de autoestima. Una de sus mejores y más puntuales herramientas debe ser la cultura y la educación.

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