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08 de May de 2021

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Ernesto A. Holder

Columnistas

Gobierno y comunicación

El concepto de comunicación del Estado erróneamente se ha enmarcado primordialmente en la difusión de las actividades

Gobierno y comunicación
Gobierno y comunicación

Al inicio del gobierno del presidente Martín Torrijos en el año 2004, propuse en un artículo titulado ‘La comunicación de la Patria Nueva’ algunas ideas sobre el ejercicio de la comunicación del Estado. Cinco años después, hice lo mismo cuando asumió el poder el presidente Ricardo Martinelli. Entonces, el enfoque tenía que ver más con la participación de periodistas contratados para la función de directores de comunicación y/o relacionistas públicos de las entidades del gobierno y que luego regresaban a trabajar en los medios. Poca independencia de criterio les queda para criticar uno u otro gobierno sin ser acusados de parcialidad.

Hoy reviso lo expuesto en ambas ocasiones, con el fin de sugerir una visión de comunicación aplicable para los próximos cinco años de la segunda década del nuevo milenio.

Un gobierno que intenta cambiar un rumbo político y social gravemente torcido por la corrupción, requiere que su proceso comunicativo se cimente sobre fundamentos firmes para el éxito. Existen grandes retos globales y regionales de la cual nuestro país no escapa. Es más, tiene la oportunidad de liderar algunos temas regionales y jugar un papel importante, y en algunos casos de conciliador, en temas que pudieran provocar efectos negativos para la región. Un proceso de comunicación, diseñado con honestidad y no pensando en las próximas elecciones, es lo que permitirá mantener una relación de confianza con los principales grupos de interés.

Por décadas el concepto de comunicación del Estado erróneamente se ha enmarcado primordialmente en la difusión de las actividades del gobierno de turno. Solo basta revisar la definición que la Constitución de la República le concede a la palabra Estado, para comprender la deficiencia en el concepto utilizado.

La administración del Estado recae sobre tres órganos vitales: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, por lo que la comunicación del Estado, basado en esta definición, debe encarar la tarea obligatoria de manejar la comunicación de estos tres órganos con el resto del país y con la comunidad internacional. Es entonces justo entender que la Secretaría de Comunicación de la Presidencia de la República es, en esencia, la Secretaría de Comunicación del gobierno (Ejecutivo).

La comunicación del gobierno encierra, entre sus aspectos más importantes, la relación constante con los grupos de interés, lo que va más allá de las relaciones con los medios o las relaciones públicas. Estas expectativas deben manejarse estratégicamente con el objetivo de conjugarlas, de manera efectiva y eficiente, en acorde con los objetivos del gobierno.

La comunicación moderna de un gobierno o de un Estado debe tomar en cuenta la necesidad de formular políticas de comunicación, coherentes y bien planificadas. De establecer canales interactivos y relaciones en áreas tales como: la comunicación interinstitucional, la comunicación internacional, la comunicación con la Asamblea de Diputados y con el Órgano Judicial; con la comunidad, los gobiernos locales, los sectores políticos, el sector privado y muchos otros.

Los retos de este gobierno en materia de comunicación, ya no son los mismos que encaró el gobierno de Martín Torrijos y mucho menos las del gobierno pasado, que en algún momento entrelazó sus mensajes y programas con las de su partido. Los objetivos de comunicación del gobierno saliente (si en algún momento fueron claros, estratégicos y honestamente diseñados) fueron perturbados por la impetuosidad de los principales voceros (en particular el mandatario, mediante el uso de las redes sociales) y los desvíos continuos que se daban en detrimento de los objetivos por trasmitir mensajes puntuales.

La comunicación institucional a nivel directivo necesita que el ejecutor o ejecutora tengan una formación adecuada, una visión estratégico-gerencial y moderna de las ciencias de la comunicación. Las instituciones necesitan comunicadores integralmente preparados; con un concepto institucional, corporativo u organizacional de la comunicación.

He perdido la cuenta de las veces que he tenido contacto con ‘comunicadores’ en algunas instituciones que desconocen lo fundamental de los organismos que representan. Si el trabajo de ellos es garantizar una buena imagen de su empresa, mediante la promoción efectiva de sus objetivos y logros, flaco favor le hacen. Esto ocurre mucho en el gobierno.

Gobernar para corregir los males pasados, no será fácil. La comunicación jugará una parte transcendental en ese proceso. Escoja bien. No escoja adeptos incondicionales de su partido ni ‘matraqueros’. Escoja personal que trabaje por el país y no para su beneficio personal.

COMUNICADOR