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- 07/02/2026 09:33
El deshielo de los glaciares pone en peligro los depósitos de agua ocultos del mundo
Los glaciares, que constituyen los depósitos de agua ocultos del mundo, son una fuente de vida para miles de millones de personas. El deshielo estacional de las montañas y los glaciares alimenta algunos de los ríos más importantes del planeta, como el Indo, el Nilo, el Ganges y el Colorado, que, junto con otros ríos de montaña, proporcionan riego para los cultivos, suministran agua potable a casi 2 000 millones de personas e impulsan la producción de energía eléctrica.
Sin embargo, a medida que los glaciares se encogen y desaparecen, los cambios en los caudales de agua suponen un riesgo cada vez mayor para la seguridad alimentaria, la seguridad del abastecimiento de agua y la seguridad de los medios de vida de miles de millones de personas.
A corto plazo, el deshielo acelerado puede desencadenar peligros para el medio ambiente: inundaciones repentinas, formación de lagos al pie de los glaciares, avalanchas y deslizamientos de tierras.
A largo plazo, los glaciares, como fuentes de agua, simplemente desaparecerán.
Para finales de siglo, la mayoría de los glaciares proporcionarán mucha menos agua que hoy en día, lo que perjudicará tanto la agricultura de los pueblos de montaña como los extensos graneros de las zonas de tierras bajas situadas aguas abajo.
Las montañas abarcan más de una cuarta parte de la superficie terrestre del planeta y acogen a 1 200 millones de personas, pero estas regiones se están calentando a una velocidad superior al promedio global. Las comunidades de montaña son especialmente vulnerables a la creciente variabilidad del clima y a la menguante disponibilidad estacional de agua para agricultura y riego. Dado que, con frecuencia, no se dispone de un suministro de agua alternativo viable, la pérdida de producción agrícola puede forzar desplazamientos asociados al clima y aumentar la inestabilidad.
En cinco de los últimos seis años, se han registrado máximos históricos en la velocidad de retroceso de los glaciares, y ya se están notando las consecuencias.
Comunidades de todo el mundo, desde los Andes hasta el Himalaya, están experimentando temporadas de nieve más cortas, escorrentías erráticas y la pérdida de suministros de agua segura. En el Perú, el retroceso de los glaciares ha mermado drásticamente el rendimiento de los cultivos. En el Pakistán, la reducción del deshielo pone en peligro los ciclos de siembra estacionales. Muchos glaciares ya han llegado a su pico de agua —esto es, el punto máximo de escorrentía del agua de deshielo a partir del cual el caudal se irá reduciendo gradualmente— o está previsto que lo alcancen en los próximos dos o tres decenios. Esto significa que, a medida que el crecimiento demográfico incremente aún más la demanda de agua, las personas que dependen de ríos alimentados por glaciares experimentarán cada vez más escasez.
Además de las implicaciones científicas y de supervivencia, la desaparición de los glaciares elimina algo menos tangible pero igual de profundo. Para los Pueblos Indígenas y las comunidades de montaña de Asia, América Latina, África y el Pacífico, los glaciares son sagrados. Su deshielo socava las tradiciones, los rituales, la identidad y el patrimonio cultural que están asociados a los paisajes montañosos desde hace siglos.
Aunque aún tenemos tiempo de reacción, las respuestas mundiales siguen siendo fragmentadas e insuficientes. Por ese motivo, las Naciones Unidas declararon 2025 como el Año Internacional de la Conservación de los Glaciares, lo que constituye un recordatorio claro de la importancia de la conservación de estos ecosistemas congelados para la protección de nuestro futuro.
A fin de garantizar la seguridad alimentaria y del abastecimiento de agua desde los picos más altos hasta las llanuras, se precisa con urgencia un cambio drástico en las políticas, la inversión y la gobernanza.
A grandes rasgos, es necesario reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, mejorar la gestión hídrica y reforzar los sistemas de alerta temprana, la agricultura adaptativa y los sistemas agroalimentarios sostenibles.
Debemos convertir los retos derivados del deshielo de los glaciares en oportunidades que beneficien a todas las personas.
La agricultura, uno de los principales usuarios del agua y un sector clave para la adaptación, puede ser una solución en sí misma si se perfecciona de manera sostenible. Algunas técnicas que las comunidades de montaña llevan siglos aplicando, como el cultivo en terrazas, la agroecología, la agroforestería y la diversificación de los cultivos, ayudan a proteger el suelo y el agua, reducen el riesgo de desastres y sustentan los medios de vida. Dichas iniciativas de adaptación deberían adoptar un carácter inclusivo y aprovechar el conocimiento de los Pueblos Indígenas para luchar contra las principales vulnerabilidades, como la pobreza y la desigualdad de género.
También debemos movilizar inversiones para destinarlas a la infraestructura hídrica y agrícola. En este sentido, debemos recabar más financiación para el clima a fin de apoyar a las comunidades de montaña vulnerables que tienen dificultades para acceder a formación, financiación e innovación.
Además, los gobiernos deben armonizar sus estrategias, políticas y planes para abordar este vínculo crucial entre el agua, la agricultura y la resiliencia al cambio climático. A menudo, las montañas no se tienen en cuenta en la formulación de las políticas nacionales sobre el clima y los marcos de adaptación mundiales. Precisamos políticas y colaboraciones para sistemas hídricos alimentados por glaciares, iniciativas de cooperación transfronteriza y mecanismos de reparto de riesgos y alerta temprana, sobre todo teniendo en cuenta que los ríos alimentados por glaciares suelen atravesar múltiples países. Estas medidas también incluyen la revisión de las estrategias de asignación del agua en toda la cuenca, así como de los planes y las inversiones en infraestructura, a fin de mejorar la eficacia en el uso del agua de riego e intensificar el seguimiento y la investigación sobre los glaciares.
La preparación para un mundo con menos glaciares y con un caudal menor de sus valiosas aguas se requiere innovación y coordinación. En Kirguistán, la FAO ha ayudado a los expertos a construir glaciares artificiales, esto es, torres de hielo que han sido creadas pulverizando agua de montaña y que se van derritiendo poco a poco en verano. Solo en la región de Batken, esta iniciativa ha permitido almacenar más de 1,5 millones de metros cúbicos de hielo, suficiente para regar hasta 1 750 hectáreas.
En Ladakh (India), la empresa social Acres of Ice ha construido depósitos de hielo automatizados para recoger agua no utilizada durante el otoño y el invierno y congelarla hasta la primavera. En los Andes peruanos se está ejecutando una iniciativa comunitaria consistente en un sistema de filtración natural mediante plantas nativas para luchar contra la degradación de la calidad del agua producida por los minerales expuestos por el retroceso de los glaciares.
Pese a todo, nos queda mucho por hacer, juntos. Los glaciares son importantes porque el agua es importante. Si ignoramos su rápido retroceso, estaremos poniendo en peligro la seguridad alimentaria y de abastecimiento de agua de todo el mundo.
-La FAO es el organismo responsable de la celebración mundial del Día Internacional de las Montañas, coordinada por conducto de la Secretaría de la Alianza para las Montañas, que recibe el apoyo financiero de los gobiernos de Andorra, Italia y Suiza. La Secretaría trabajó en colaboración estrecha con la UNESCO y la Organización Meteorológica Mundial, cofacilitadoras del Año Internacional de la Conservación de los Glaciares (2025).