Temas Especiales

24 de Oct de 2020

John A. Bennett N.

Columnistas

Precios provisionales y emergencias eternas

‘El gran reto del nuevo gobierno no es cumplir con su promesa de un control temporal, sino el aprovechar... para buscar las verdaderas ...

Es triste encontrar economistas que aplauden la intervención centralizada de control de precios. Me parece que se les escapa lo medular del edicto presidencial; el cual, al establecer el control como una medida ‘provisional’, indica con claridad que no es vista como solución, sino curita. Y es que lo que debe preocuparnos no es la fiebre, sino lo que la produce; y da mucha pena ver a tantos que no se enfocan en el verdadero problema y, de allí, su solución.

Afirmar que el emperador Diocleciano instituyó un Control de Precios, con lo que se intenta recurrir a autoridades históricas como soporte de la intervención estatal en los precios, al tiempo que se omite aclarar que dicha medida fue un inmenso fracaso, que terminó con su abdicación, es engañoso. Lo mismo cuando se dice que ‘siempre ha existido’; pero sin aclarar que jamás ha resuelto y... ¡vaya si ha causado estragos!

Las medidas coercitivas de control de precios típicamente han sido motivadas por ‘emergencias de precios elevados’; pero poco vemos aclarar las causas del problema.

En la época de la Roma de Diocleciano, el problema fue inflacionario; es decir, del envilecimiento de la moneda, al reducir su contenido metálico, pero manteniendo su valor nominal, y del mal uso por parte del Estado de los dineros del pueblo, incluyendo toda clase de corrupción. Y aunque en Panamá no tenemos banca central que manipule el valor de nuestra moneda, sí sufrimos las consecuencias de las acciones de la Reserva Federal, y sí que hemos tenido un incremento gigantesco del gasto público, con lo que se ha más que duplicado la deuda pública en cinco años y un alto nivel de corrupción institucionalizada.

Quienes dicen que el control de precios no produce desabastecimiento, sino abundancia, viven en un mundo de fantasía. Y como es tan común, no explican sus demagógicas aseveraciones. No les importan las consecuencias de sus políticas. Afirman que ‘esta vez es diferente’ o que ‘este gobierno sí tiene la motivación y los recursos’. Desean experimentar con la sociedad. Luego nos hablan de ‘precio justo’, frase que tampoco dilucidan; para terminar proponiendo que el Estado impulse una cadena sólida de distribución que fulmine a los intermediarios. Vayan confesándose todos, porque la mayoría de los panameños somos intermediarios.

El otro disparate es el vilipendio de la especulación. La RAE nos dice que ‘especular’ es ‘meditar, reflexionar con hondura, teorizar’; o ‘efectuar operaciones comerciales con la esperanza de obtener beneficios basados en las variaciones de los precios...’. A través de la historia humana se han producido interminables discusiones sobre lo que es un ‘precio justo’ y jamás se ha podido definir eso; ya que lo para uno es ‘justo’ para otro es ‘injusto’ y, a su vez, lo justo y lo injusto varía con el tiempo y circunstancia. Estas discusiones ya las esta mos vislumbrando en los medios.

Y, si los márgenes de venta fuesen tan altos como dicen, a punto que justifican semejante intervención; ¿por qué no entran nuevos actores a participar de la piñata? Si esto no ocurre es claro indicio que existen distorsiones del mercado. ¿Por qué no ocurre lo mismo con los productos electrónicos? Creo que la ocasión es buena para que pongamos atención y logremos confirmar lo que ya la historia ha constatado.

El gran reto del nuevo gobierno no es cumplir con su promesa de un control temporal, sino el aprovechar ese tiempo para buscar las verdaderas medidas del caso, que les auguro serán muy impopulares: tal como: declarar guerra efectiva a la corrupción institucionalizada; bajar el tamaño del despilfarro gubernamental; acabar con el amiguismo; disminuir los impuestos; eliminar las barreras de entrada al sector importador y distribuidor de víveres y así como los privilegios para nacionales en el comercio al por menor; bajar los aranceles y, sobre todo, promover un ambiente que aliente y permita el emprendimiento.

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