23 de Feb de 2020

Jorge Zúñiga Sánchez

Columnistas

La historia tiene las respuestas

‘Mientras sigamos presentándole a la ciudadanía proyectos políticos electoreros, las bases del partido y de la propia ciudadanía nos re...

Las causas de lo que sucede dentro del PRD, no están en las recientes derrotas electorales, sino en que es necesario retroceder en el tiempo, hasta el momento en que se desatendió ‘el repliegue a los cuarteles’ dispuesto por Torrijos. No era una ordenanza más, sino que ‘una línea de acción política’ que no entendieron sus cuadros civiles y militares de primera fila.

El retorno pacífico a la democracia después de la firma de los Tratados de 1977, era parte de los compromisos asumidos por Torrijos. El PRD como maquinaria electoral estaría en condiciones de resistir la arremetida de Arnulfo Arias (q.e.p.d.) y la oposición democrática, en las elecciones de 1984. A pesar de la fortaleza de su liderazgo, no estaba en los planes de Torrijos (q.e.p.d.) tenía en mente enfrentarse a Arnulfo Arias (q.e.p.d.) en las urnas.

Tras la muerte de Torrijos, por ‘el temor del retorno de la oligarquía’, sus relevos desecharon la idea del repliegue, trastocándose así los planes iniciales trazados. En 1984 gana el PRD con Barletta a la cabeza, pero no es la voluntad de los votos la que se impone, sino la decisión de los cuarteles. El poder estaba de vuelta en manos de ‘militares de segunda generación’, los cuales, con las renuncias forzadas de Barletta y Del Valle, sepultaron en vida el proyecto democratizador.

En adelante, las Fuerzas de Defensa escribirían las páginas más oscuras de la historia nacional, hasta llegar a la ruptura total con los EUA, y con los sectores económicos que habían apoyado a Torrijos, hasta que finalmente, con la invasión de 1989, ‘el poder real’ en Panamá fue barrido del mapa. Sobre una pila de muertos, se reinició el traumático camino hacia la democratización, con un PRD minimizado, y una oposición que a causa de su demostrada incapacidad administrativa del gobierno de Endara (q.e.p.d.), reinstaló al PRD en el poder en las elecciones de 1994 y en 2004.

El ‘PRD’ resurgiría en democracia, pero tenía que apuntalarse en el proyecto visionario de Omar Torrijos, o entenderse con los grupos económicos que de cerca le acechaban. Es paradójico, pero algunas de las personalidades que ayer llevaron al traste el repliegue anunciado, son las mismas que hoy y en nombre del ‘torrijismo’, le han servido de escalera para que los grupos económicos consumaran el asalto del partido.

Sin una reedición del ‘torrijismo’, capaz de concertar a lo interno los intereses populares y los poderosos, no será posible el cambio de rumbo. La construcción teórica del ‘torrijismo democrático’, tiene que retoma el papel beligerante de los frentes de masas, los que de manera armónica y bajo una dirección política ‘ampliada’, diseñarán el país que queremos construir, con la suficiente flexibilidad que permita tener puntos de coincidencias con el proyecto de los poderosos.

Mientras sigamos presentándole a la ciudadanía proyectos políticos electoreros, las bases del partido y de la propia ciudadanía nos rechazarán, y en castigo se volcarán a apoyar a proyectos personalistas como el de Ricardo Martinelli. Entre 1968 y 1980, la sociedad panameña sufrió transformaciones profundas, al extremo que de ahí en adelante los temas sociales integrarían las nuevas agendas de Estado, sea el partido que legara al poder por la vía democrática.

Hoy, el silencio del CEN ante los serios cuestionamientos sobre sus nexos con el gobierno de Martinelli, le desacreditan para dirigir el impostergable proceso de reestructuración demandado. El partido tiene que vigorizarse para ofrecer una imagen fresca y confiable del ‘torrijismo democrático’, si quiere convertirse en un obstáculo a las pretensiones ilimitadas de la oligarquía tradicional y la de nuevo cuño. Estamos pagando el precio de no dar los pasos que la historia exigía, y terminamos enredados en una vorágine en la que como siempre, el gran vencedor serán los poderosos.

*ABOGADO Y DOCENTE.