21 de Feb de 2020

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Mireya Lasso

Columnistas

Un destello de luz entre sombras

‘Celebremos el destello de luz que aparecerá el 15 de agosto en reemplazo de las sombras de las últimas semanas’.

Todos en mi familia saben el pánico que me produce volar y la angustia que siento cuando, desde nuestro aeropuerto, la aeronave se eleva entre cúmulos de nubes que impiden ver fuera de la ventanilla. Pero de pronto surge un panorama esplendoroso, brillante, soleado, límpido, de un cielo clarísimo, maravilloso, que transforma mi zozobra en la expectativa de un trayecto sin incidentes que anticipa el disfrute de los días de descanso. Al retornar al país experimento algo parecido: el descenso, a ciegas en la oscuridad de la noche entre nubarrones, me causa igual angustia; pero después de otros minutos de tortura aparecen de pronto en la oscuridad, allá abajo, los nítidos destellos de luz de nuestra bella capital.

Algo similar he sentido en las últimas semanas, caracterizadas por la abundancia de noticias negativas, como los nubarrones, que nos infunden pesimismo y consternación: de un lado, comprobar los extremos a los que el ser humano fue capaz de llegar cuando actuó sin Dios ni ley; y, de otro, observar la recurrencia de males existentes desde hace un tiempo. Un vistazo a los medios de comunicación en las últimas semanas no me deja mentir: la lista es larga y vergonzosa.

Aunque lo intuíamos, no imaginamos el grado de desfachatez que permitió el derroche de fondos públicos en Portobelo, en Río de Jesús, en el pingüe negocio de estacionamientos de los aeropuertos de la capital, en hospitales y carreteras construidos a costos exorbitantes y con fallas detectadas, en comisiones por compra de radares carísimos e inútiles. Todo ello, muy triste y vergonzoso. Es válido preguntar: ¿en qué mundo creían vivir estos señores y cuáles eran sus principios morales?

A estas novedades se suman los ya endémicos problemas del transporte público y de tranques en calles de la ciudad. Las rupturas de tuberías del IDAAN, la contaminación del río La Villa y el dragado abusivo del río Pacora han dejado sin agua a miles de personas en la capital y en el interior.

El control de precios de 22 alimentos, recién instituido, ha resultado un enigma hasta ahora. Productores, comerciantes, consumidores y economistas comentan varios tropiezos causados por la medida, entre ellos, desabastecimiento y encarecimiento de alimentos controlados y merma de su calidad. Súmese a este lúgubre panorama la amenaza de suspender el subsidio a la energía eléctrica que afectará no solo la factura domiciliaria, sino además la comercial e industrial, con el consiguiente encarecimiento de bienes y servicios ofrecidos al consumidor.

En medio de un ambiente tan negativo y deprimente como el que estamos viviendo, surge un acontecimiento maravilloso que merece el reconocimiento y el aplauso que todos los panameños nos debemos dar. Se trata de los cien años de operación del Canal de Panamá, que tanto ha significado para nuestra nación. Nuestra natural posición geográfica adquirió una dimensión especial por su construcción y nuestra lucha durante todo el siglo pasado por recobrar nuestra plena soberanía, con sus humillaciones y tragedias, con sus gestas heroicas nacionalistas, definió nuestro carácter como nación.

Hoy hemos demostrado, contra los malos augurios de muchos dentro y fuera del país, que los panameños hemos podido administrar el Canal mejor que cualquiera y que cada día podemos mejorar su operación para que los beneficios del comercio mundial sean nuestra fuente de desarrollo y progreso sostenible.

Celebremos el destello de luz que aparecerá el 15 de agosto en reemplazo de las sombras de las últimas semanas. La ocasión sería propicia para que el Gobierno no desaprovechase la oportunidad de señalar e inspirar nuevas grandes metas nacionales.

Podemos, cuando queremos, ser los mejores.

EXDIPUTADA