22 de Feb de 2020

César Valdés Paredes

Columnistas

¿En manos de quién está la UP?

La obsesión por el poder de la máxima autoridad de esta institución constituye la constante complicidad en el manejo de la ley.

La obsesión por el poder de la máxima autoridad de esta institución constituye la constante complicidad en el habilidoso manejo de la ley, de los estatutos, el subterfugio, la influencia, la presión, la lumpenería, el oportunismo, en suma, la manipulación. La administración reelecta hará lo que sea para imponer una perversa reelección nuevamente. Pero la recaída del señor rector abrió la olla de grillo antes de tiempo, saliendo a relucir los apetitos voraces de poder entre sus más cercanos colaboradores, al punto, de planear por anticipado su sucesión, brindando y organizándose para las próximas aspiraciones de algunos en camino a reemplazar al emperador y así enterrar la Era Gustavina.

Es lamentable que el señor rector siga sostenido en una ambición de poder que ha llevado a la Universidad de Panamá a la persecución y al desprestigio más grande de su historia. Ya es hora de que abandone sus pretensiones y le dé paso a una reestructuración orgánica, académica y administrativa de la UP, que le permita corregir el rumbo errático que ha mantenido durante su excesivamente prolongada administración y la de los que se han aprovechado de ella. La UP está contaminada y la visten con ropa de calidad ante la opinión pública. —Están ocurriendo cosas que rayan con la moral—.

Debilitada por fuera, pero también por dentro, la UP enfrenta un presente pasivo, lento, aparentemente inerte, autodestructivo, sin vida universitaria, lo contrario justamente a lo que debe ser, por ende es requisito urgente retomar el control sobre un proyecto de universidad renovada, y desde allí sumar fuerzas para recuperar la capacidad de administrar la que debe ser nuestra institución. Si la cabeza está enferma, el cuerpo también lo está, por lo tanto conlleva a concertar, comunicarnos, lograr un plan en conjunto, es la base de una planificación que nos permita recuperar nuestra universidad. La acción inteligente concertada no debe seguir dejando espacio a los pelechadores de siempre.

La UP se ha convertido en una sociedad kafkiana: en donde se reprime y persigue a los universitarios por velar por un buen sistema educativo, mientras premian a los responsables de que no mejore. Ya es hora de pensar en la UP donde existía respeto por la diversidad de ideas y el pluralismo conceptual. Donde valga más la lealtad a la Institución que a la administración de turno y en la cual prime la academia sobre la política y banalidades cosméticas.

*ESTUDIANTE EGRESADO DE LA UP.