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29 de Oct de 2020

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Gallos, pantis zombis y fantasmas

‘La ciudadanía siente un olor desagradable que se expande en muchos de los asuntos de la administración de la cosa pública...’.

‘¿Cómo es que nadie escuchara esos gallos en la madrugada?’, ‘nos obligaban a bajarnos los pantis para revisarnos sin ningún respeto’. Son frases que no tienen mucho en común, salvo que ambas se han hecho públicas, relacionadas con incidentes originados en la cárcel de La Joyita, ahora que un destacamento de la Policía ha requisado ese centro penal y encontrado un sinfín —incluso droga— de posesiones prohibidas.

En las celdas hubo hallazgos que van desde hamacas hasta computadoras; celulares, perros y gallos. El público no se explica cómo pudieron tener cabida tales accesorios y mascotas. Por eso, alguien con sentido común se preguntó sobre el cacareo constante y el puntual canto matutino de los gallos. Los familiares de los reclusos se quejan de las medidas de revisión en la entrada y las damas protestaron por la profunda auscultación.

Aunque todo esto tiene la connotación de un gran banquete de corrupción; paradójicamente, no aparecen sospechosos ni responsables que hayan ocasionado la situación en un ambiente tan lleno de muros, verjas, puertas, cerraduras, aldabas, cadenas y tal encerramiento. Los zombies enclaustrados aquí, tienen la opción de aprovechar las redes sociales para establecer diálogos con el mundo externo a estos barrotes.

Esa atmósfera de falta de culpables parece que se convierte en un síntoma nacional. Hace unos días, la administradora del ente que coordina la anticorrupción, brindó un singular informe de su gestión. Hay en el país unos cuatro expedientes que se han tramitado con diferentes resultados. Panamá, de acuerdo con este balance, puede considerarse una república con un bajo nivel de hechos delictivos en el sector.

La ciudadanía siente un olor desagradable que se expande en muchos de los asuntos de la administración de la cosa pública; pero los recuentos dejan entrever que pululan espíritus chocarreros que se dedican a mover los tenebrosos hilos del cohecho, el peculado, la apropiación indebida, el enriquecimiento ilícito y lo hacen tan bien que resulta difícil impulsar los pasos para culminar la tramitación penal respectiva.

El reciente torneo electoral constituye un ejemplo esclarecedor de que ‘algo anda podrido’, no en Dinamarca, sino aquí en un ambiente fantasmal donde suceden las cosas, delante de las narices de la opinión pública, pero cuya reconstrucción para los respectivos procesos judiciales se deforma, diluye, caricaturiza y tiende a esfumarse ante cualquier soplo del multifacético poder en el Olimpo.

Asombra esta dinámica que adquiere la justicia. En los dos países que guardan fronteras con Panamá, se han promovido causas contra políticos que han sido sindicados de delitos vinculados a sus afanes en la administración del Estado. En las últimas semanas también en Guatemala, Honduras y en El Salvador, el expresidente Flores no se ha salvado de aparecer en cadenas rumbo al encierro preventivo.

Si se mira el panorama en España, se encontrará que en la actualidad existen 328 procesos por diferentes actos en la esfera política. En el Internet están claramente expuestos todos los detalles con nombre y apellidos, tipo de asunto que infringe la ley, comunidad, ciudad y región, así como la pena que espera a quienes delinquen.

La transparencia llega incluso a exhibir un mapa del país ibérico con parches de las banderas de los partidos a los que pertenecen los enjuiciados sobre el sitio geográfico del hecho punible. Así, se establece claramente de qué color es y por tanto, la dimensión, de la delincuencia política-administrativa en ese territorio y posesiones de ultramar.

Acá, le queda a la población la sensación que resulta muy fácil montar esquemas de iniquidad en el sector público. Asombrosamente, es de suma complejidad desarmar dichas estructuras atentatorias de la ética y probidad; características éstas que deben ostentar quienes asumen la infinita responsabilidad de representarnos en el poder gubernamental.

*PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.