02 de Dic de 2022

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    Mariela Sagel

Columnistas

Los indignados de la cultura

(...) No hay ni un centavo que se destine para aumentar o mejorar la eficiencia del Instituto Nacional de Cultura.

En medio de una fiesta tan pagana como ajena, la de Halloween, y otra que ahora nos ha dado por celebrar como propia, el ‘Black Friday’, el país está empantanado entre la selección del contralor —con tantos aspirantes que algunos que se han postulado no han medido su capacidad de hacer el ridículo— y las fiestas patrias, sin analizar a conciencia lo que verdaderamente ocurrió en relación al diferendo que tuvimos con Colombia.

Durante la pasada semana se entregaron los cuatro premios del Concurso Ricardo Miró (uno fue declarado desierto) y justo antes de la deliberación del mismo, el poeta Manuel Orestes Nieto, en una entrevista concedida a un periodista cultural –de los pocos que hay en Panamá— volvió a insistir en que estamos a la deriva en cuanto a políticas culturales se refiere y no se ve una luz, ni siquiera una linternita, al final de este oscuro túnel. Ya estamos hablando de los próximos carnavales, donde el Estado se involucra hasta el cogote, pero no se han remediado los males que afectan a las instituciones culturales. Escuchamos a diario las peleas que hay entre los grupos deportivos, cuyos presupuestos ascienden a millones de dólares y no hay ni un centavo que se destine para aumentar o mejorar la eficiencia del Instituto Nacional de Cultura.

Los premios Ricardo Miró fueron instituidos en el año 1942 para premiar la excelencia literaria en los géneros de teatro, cuento, ensayo, poesía y novela. Usualmente se entregan en el mes de octubre y la institución que los rige, el INAC, pone como condición que ‘ los autores concedan legalmente al Instituto Nacional de Cultura la titularidad de los derechos de edición, publicación y comercialización de sus obras galardonadas en el Concurso, hasta por el término de una primera edición ’". Esa primera edición se entrega y presenta tradicionalmente en el mes de agosto, durante la celebración de la Feria del Libro. A pesar de que el INAC tiene casi 10 meses para editar 5 libros (en caso que se premien todas las categorías) y esmerarse en hacerlo bien, las quejas de los autores, especialmente los poetas, han ido en aumento al punto que el bardo Orestes Nieto se negó rotundamente a recibir la primera edición de su libro, premiado en el año 2012, por la mala calidad que tenía. A la fecha, no tiene aún un solo ejemplar y la institución no hace el intento de corregir este gran error que cometió. Giovanna Benedetti y Javier Medina, también vivieron momentos de zozobra el pasado mes de agosto cuando estuvieron a la espera (y demorado el acto) para que salieran sus libros, mal impresos, mal editados y así se sigue repitiendo la historia.

Me cuentan los ganadores de los premios de literatura infantil y juvenil Carlos Francisco Changmarín que ocurre lo mismo, ellos incluso les entregan a los responsables de la edición en el INAC el libro diagramado e ilustrado, cuidando cada detalle, y el resultado es un desastre. Según Benedetti ‘ el INAC ha pasado ya el umbral de la mera inoperancia administrativa y ha caído en la abierta indecencia pública, el irrespeto a los escritores y la burla a la comunidad literaria panameña, con su desastrosa, irresponsable y cruel política de edición, distribución y promoción de los libros ganadores de los Premios Nacionales de Literatura Ricardo Miró, que deberían cumplir por ley ’.

Qué lejos estamos de ser un país en el que sus habitantes reconozcan y respeten a sus escritores. Hace poco en Chile, el escritor Antonio Skarmeta recibió el Premio Nacional de Literatura y la gente común y corriente, en las calles de Santiago, se le abalanzaba para felicitarlo. Es hora que a los que nos interesa la cultura exijamos respeto y que no se nos siga mirando con desprecio. Ya es hora de que nuestros gobiernos despierten a esta lamentable realidad y hagan algo drástico para remediarla .

*ARQUITECTA Y EX MINISTRA DE ESTADO