05 de Dic de 2022

  • Alberto O. Cabredo E.

Columnistas

Somos el producto de nuestras decisiones

La declaración de una Misión nos ayudará a establecer nuestra estrategia para el logro de nuestros objetivos

En la formulación de una estrategia de vida, lo primero que debemos tener es una Visión, porque ella nos indica qué deseamos ser o, en otras palabras, en qué queremos convertirnos como individuos e incluso, como sociedad.

Si bien, para el logro de nuestros objetivos de vida, debemos hacer uso de una fórmula metodológica (estrategia), que nos ayude a plantear —qué queremos, cómo obtenerlo, cuándo (un calendario de ejecución), y con qué y quiénes contamos para lograrlo—, en el caso particular de aquellos que carecen de un proyecto de vida, es necesario que primero definan una Misión y Visión para entonces establecer prioridades, precisando cuáles son sus anhelos, quiénes son hoy día, qué hacen y dónde están ubicados en el presente.

La declaración de una Misión nos ayudará a establecer nuestra estrategia para el logro de nuestros objetivos, sin olvidar que en ese camino que trazamos obtendremos como resultado lo que produzcan nuestras acciones. Recordemos a este respecto que estamos ineludiblemente atados a la ley de la causa y efecto, y nuestras decisiones son las que producen nuestros logros o fracasos, de ahí que no debemos culpar a Dios, la alineación de los planetas, nuestros familiares, amigos o compañeros de trabajo, y menos aún a los gobiernos o la economía mundial (que no son garantía de absolutamente nada).

Todo lo que nos ocurre —nuestros rendimientos o fracasos— es en gran medida consecuencia de nuestros aciertos o fallos al decidir y actuar en consecuencia, y no hay que darle vuelta a este hecho. Para muestra, basta leer los titulares de los diarios.

Así pues, se trata del camino que decidimos tomar y de saber asumir las consecuencias de nuestras posturas y acciones; eso sí, recordando siempre que nada, absolutamente nada, es definitivo ni final, y que cada día nacemos de nuevo y somos capaces de redireccionar nuestra futuro.

Una visión pesimista de nada sirve y, si el andamio se nos cae encima, lo que cabe es levantarse, sacudirse el polvo y levantar el andamio de nuevo sin perder tiempo en lamentaciones ni excusas, pues no sirven para nada ni resuelven nada.

La vida hay que enfrentarla con tesón, reiniciando el camino mirando al horizonte, porque el pasado no existe y el futuro siempre está naciendo.

ABOGADO