Temas Especiales

30 de Nov de 2020

José Antonio Gil Arias

Columnistas

La ridícula xenofobia en Panamá

No existe justificativo para agredir a una persona que tiene una condición particular

El lunes de la semana pasada, cuando una parte de la sociedad panameña celebraba un aniversario más del Primer Grito de Independencia, me enteré del bochornoso percance que sufrió la Dra. Enitza George el día 4 de Noviembre en el Parque Omar.

Antes de entrar en el tema que atañe al título, quiero dejar constancia de que condeno la lamentable acción que sufrieron tanto la Dra. George como su hijo. No existe justificativo para agredir a una persona que tiene una condición particular. Pero de igual manera considero que es muy lamentable utilizar los medios de comunicación y la influencia en las redes sociales para ventilar un caso que nos puede suceder en cualquier momento. Un intercambio de palabras fuertes nos ha pasado conduciendo el automóvil, o hasta por tropezar a alguien en un descuido al caminar.

Más allá de ventilar el lamentable suceso, colocar la etiqueta de ‘extranjera’ a la supuesta agresora, deja un sabor muy amargo en quienes hemos tenido que dejar nuestro hogar para procurarnos una vida con mayor paz en tierras foráneas.

La reconocida doctora hizo saber a su audiencia en las redes sociales sobre su infortunado percance con la ‘extranjera’. La reacción no se hizo esperar: unos mil comentarios han surgido del hecho en la publicación hecha por Facebook.

En mi criterio, defenderse de una agresión verbal discriminatoria, utilizando otra similar, es querer apagar el fuego con un chorro de gasolina. La gran mayoría del millar de comentarios dejó a un lado el foco de la condición del hijo de la doctora para esgrimir las armas en contra de los nacidos en otras latitudes. Cualquier calificativo que marque una diferencia entre dos seres humanos, es una discriminación. Y basta que suceda un percance para que se desate la verborrea negativa en la masa.

Tener acceso a un medio de difusión masivo es un asunto delicado. Bien lo dijo Ryzsard Kapuscinski en su obra ‘Los cínicos no sirven para este oficio’ (sobre el buen periodismo): Los comunicadores trabajamos con la materia prima más delicada de este planeta: la gente. Cuando uno es una persona ‘influyente’ en la sociedad, debe extremar las medidas de seguridad para que esa influencia sea la mejor. Es muy triste desatar la ira xenófoba por lo sucedido el día 4. Buena parte de los comentaristas pidieron respeto hacia las personas que sí nacieron dentro de las fronteras de este hermoso istmo.

Ahora me pregunto: ¿Hubiese sido igual la cantidad de peticiones de respeto si la involucrada hubiese sido panameña? ¿Era necesaria la publicación de ese percance? ¿Ha sido productiva la reacción de la sociedad tras ventilar el suceso?

Entre la gran cantidad de mensajes que claman por un ‘castigo ejemplar’ contra la extranjera surge uno que otro que se decanta por perdonar a esa señora que cometió un error. Y hubo unos cuantos suspicaces que dejan ver otra circunstancia que despierta más interrogantes: ¿Será que la doctora quería ganar audiencia de este hecho?

A pesar de que la tecnología mediática permite la interacción en las redes sociales, no se ve una respuesta de la Dra. George a los comentarios que le apoyan o le adversan en su página de Facebook.

Es una pena que, como dijo Facundo Cabral, una bomba haga más sonido que un millón de caricias. Puedo entender que a esta hermosa sociedad ha llegado migración que no favorece. Pero tengo la certeza de que hay cientos de miles que, siendo una mayoría silenciosa, están aportando muchos beneficios. La arrogancia puede tener cualquier nacionalidad, pero la humildad es una condición del espíritu. Es universal.

PERIODISTA