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04 de Jul de 2022

  • Daivis Ariel Guerra Monterrey

Columnistas

La utopía del trabajo informal

Aquí la mayoría de las personas no se incorpora a la economía informal por elección

Un tercio de la vida de los hombres y las mujeres la gastan en sus actividades laborales, inmersos en un entorno de relaciones que marcan su estilo y calidad de vida, siendo entendido la mayoría de veces por quien lo contrata solo como un ‘mero recurso', otros trabajan por sus propios medios afiliados en un sólido círculo vicioso en el que el arco iris jamás brota.

Se soslaya que el trabajador tiene la necesidad de relacionarse con otros, de crecer, recrear, transformarse, además de cooperar en la transmisión de valores; en suma el éxito en los planes y salubridad económica de toda empresa o emprendedor recae precisamente en el individuo, entendido éste como un ser integral, con talento infinito, habilidades y aptitudes inexplotadas.

Intento ir más allá de la acostumbrada retórica para referirme al Trabajo Informal, un tema que intriga y apasiona a clases sociales, debido a que el mismo asombrosamente prospera en un contexto de notables tasas de desempleo, pobreza estacional, desigualdad de género y trabajo precario. En esas circunstancias, el trabajo informal desempeña un papel importante, substancialmente en lo que respecta a la generación de ingresos, porque es relativamente fácil acceder a ella y los niveles de exigencia en materia de educación, tecnología y capital humano son muy carentes. Aquí la mayoría de las personas no se incorpora a la economía informal por elección, sino por la necesidad de sobrevivir y tener accesos a actividades que permitan obtener ingresos primordiales.

Estudios sin suficiente carácter científico han demostrado que los trabajadores informales se caracterizan por un incisivo trabajo decente, se enfrentan habitualmente a riesgos más elevados de pobreza que los trabajadores de la economía formal; sin embargo, se puede atisbar que muchos apuestan a este ritmo de vida, aun cuando están expuestos a una serie de condiciones laborales inadecuadas, a ello se le multiplican las escasas oportunidades de formación, los ingresos bajos e inciertos, la explotación, carecen de suficientes derechos y garantías a niveles de comerciantes y por ley de gravedad están excluidos de los regímenes de seguridad social y de legislación en materia de seguridad ocupacional.

El problema de la economía informal se cifra en diversas causas por lo que consecuentemente plantea múltiples problemas que requieren soluciones pertinentes y que atienda la heterogeneidad de quienes la componen, contemplando la naturaleza del trabajo (nivel, regularidad, estacionalidad) situación en el empleo (asalariado, empleadores, trabajadores por cuenta propia, trabajadores ocasionales, trabajadores domésticos), sector (comercio, agricultura, industria), protección social (cotizantes), ubicación geográfica (urbano – rural), etc.

Los indicadores antes descritos deben generar un cúmulo de información básica para poder comprender lo que mantiene la llamada Utopía del Trabajo Informal, es inherente reflexionar profusamente sobre lo que para unos representa un fenómeno económico y para otros aquel maravilloso milagro que conspira con hombres y mujeres para buscar el sustento diario.

Determinar el alcance del trabajo informal, según los versados, nos es nada fácil. A esta altura del nuevo milenio todavía no se ha logrado llegar a un consenso sobre cómo definir concretamente el término informalidad, en lo que sí coinciden es en que la mayoría de los países del mundo la ven crecer con mucha prevalencia, por múltiples razones que pueden consistir en no cotizar seguro social, cero registro para el pago de impuestos, no hay contratos de por medios, etc.

A pesar de todo ello y contradictoriamente el trabajo informal producen bienes y beneficios sociales, aunque pase por alto algunos requisitos tipificados en el Código de Trabajo. Para muestra un botón: mi amigo Pedro vende en la esquina del mercado incienso, mirras y otros artículos que, según él, logran paz mental y espiritual. Él ha mantenido este trabajo por tantos años, ha educado a sus hijos y lleva el sustento diario a casa, pero al final de la jornada él insistentemente solo se cuestiona que al cumplir la edad no tendrá una jubilación merecida que le regrese esa tranquilidad que por mucho tiempo ha obsequiado con sus especias y olores a cientos de transeúntes... él lo llama ‘mi destino manifiesto'.

Lograr la transición del trabajo informal a la formalidad está revestido de un colosal reto, en Panamá el desafío ya está en el ruedo, es el momento preciso para que el Gobierno acentúe buenas política públicas para el bienestar social y traducir el trabajo informal en la tan anhelada formalidad... ¡Amanecerá y veremos!

RELACIONISTA PÚBLICO Y DOCENTE UNIVERSITARIO.