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04 de Apr de 2020

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Julio César Caicedo Mendieta

Columnistas

El profesor Chinchorro Carles

El destacado amante del agro, la planificación y el ahorro, Rubén Darío Carles, fue profesor en la Universidad de Panamá.

El destacado amante del agro, la planificación y el ahorro, Rubén Darío Carles, fue profesor en la Universidad de Panamá y como en aquellos tiempos de la dictadura no se cabía en el primer centro de estudios, al igual que hoy, pese a la baja matrícula, él daba clases de Principios de Economía para todas las escuelas en el auditorio José Dolores Moscote y particularmente con más exigencia a un grupo más reducido del primer año de Economía que dictaba en un salón contiguo a la estatua de Rui Barbosa en la Facultad de Administración Pública y Comercio.

Chinchorro metía miedo por su personalidad tan especial y hacia valer aquel escrito vulgar que algún ocioso escribió en todas las paredes de los sanitarios de la Facultad: ‘Todos los economistas terminan hablando como papagayos'. La mayoría de los estudiantes del turno de la tarde que logramos aprender de Chinchorro éramos trabajadores, muchos de cuello y corbata del Gobierno, del sector bancario, comercial y otros de a pie, como yo que a los 20 años fui jefe de los borrigueros que oradaban los huecos para las bases de los primeros rascacielos de Punta Paitilla.

El profesor Chinchorro no tenía pepitas en la lengua para exponer la cruda verdad en sus clases, pero sí un enorme nido de oropéndolas del cerro Guacamaya, trabado en su garganta de sabio, que obligada a prestar mucha atención para entender sus ponencias graficadas y sin repetición, el audio era tan terrible que había que pedirle explicaciones por fuera a Humberto Moreno, Juan Jované, a Belisario, Mario Chan, Nereyda Shaik y a otros destacados estudiantes de la Escuela de Economía. Había que traducir revistas en inglés especializadas en temas económicos, capítulos de Quesnay, Marshall y estar al tanto de las corrientes de los economistas de la Escuela de Chicago.

Del profesor Chinchorro jamás olvidaré la tarde que llegó al salón, notablemente ‘desconfigurado', sin el gatito y con la camisa apenitas fuera de los tirantes. El profesor se quedó, cuan ‘catrivoleado' banquero, observando quedamente al abarrotado salón de clases con alumnos de pie, arrecostados a la pared del fondo, y dijo en voz alta: ‘¿Quiénes de ustedes son del interior de la República?, que levanten la mano'. Cuando Carles vio que el 60 % había levantado la diestra, dio las gracias y comenzó su clase: ‘Se hubieran quedado allá, ustedes son los causantes directos del aumento del gasto público...'. Varios se salieron del salón, pero yo lo tomé como un reto, si estar allí era más fácil que limpiar los potreros de doña Cecilia Pinel de Remón Cantera y muy pronto comprendí que el ‘profe' se refería a la necesidad de polos de desarrollo en el interior del país, que hasta la fecha no los hay. Gracias profesor Chinchorro, en todo Coclé lo mencionan.

ESCRITOR COSTUMBRISTA.