Temas Especiales

09 de Apr de 2020

Aníbal Illueca H. (Q.E.P.D.)

Columnistas

Ahorrando vida*

‘... la vida no hay que ahorrarla, hay que vivirla plenamente bien, porque,..., la naturaleza de nuestras circunstancias puede cambiar ...

Cuando el aire natural que respiro me falte y se detenga el latir de mi corazón, circunstancias naturales que desconozco cómo y cuándo sucederán, pero, como bien dice la frase: ‘La muerte está tan segura de su victoria, que nos da toda una vida de ventaja'. Vida que he vivido plenamente, ya que no puedo en estos momentos negar que Dios puso a mi disposición todos los elementos para ser feliz, satisfecho y agradecido por ese gran don (que es la vida) que con tanto amor nos ha sido otorgado. Solo anhelo que Dios en su Misericordia Divina permita que suceda en la tranquilidad de mi hogar, sin mayores sobresaltos y ni un segundo de angustia para mi madre, hermana e Irmita, ojalá estés junto al resto de las sobrinas y sobrinos que me regaló el diablo en ausencia de hijos directos, pero no para enjuagar lágrimas ni sobresaltos, para sonreír junto a mi lecho por la misión de vida cumplida y admirar en lo que se han transformado junto a sus familias y nietos que he disfrutado como si fueran míos, ardua labor les quedará por delante, pero tienen todo para sobrellevar cualquier circunstancia y situación, mi amor, que no se quebranta, se fortalece, a pesar de la distancia o que llegado el momento dejaremos lo físico para dar paso a lo espiritual, con la creencia de que voy al encuentro del Padre que con seguridad me hará pasar por la sagrada purgación antes de ir al encuentro con mis seres queridos que me han precedido en gozar de la paz eterna.

A los amigos y amigas, don de vida que sabiamente nos da Dios, para acompañarnos desde la infancia o en etapas diversas de nuestro crecer, que me obsequia desde tierras altas chiricanas hasta Europa, Washington, pasando por Colombia y Argentina, tantos amigos que han acompañado mi diario vivir, que he sido abundantemente bendecido con el don de la amistad, de diversidad de pensamientos e ideologías distintas, de nacionalidades foráneas, intergeneracional jóvenes y contemporáneos que logré cosechar en mi andar y que llenaron mi vida con satisfacciones superiores. Algunos me habrán antecedido al encuentro con Dios y otros seguirán el camino forjando nación, hogares y sociedades desde su diario quehacer; otros han sido ejemplo de lucha constante y de los milagros de Dios en la salud. A todos ellos mi sonrisa fraterna y abrazo les acompañará siempre en eterna gratitud. Siempre les murmuraré una palabra de estímulo, un recuerdo que les permita tener la seguridad de que estoy aquí, nos hicimos tan fuertes que ni la muerte nos separa.

Al país, que me vio nacer y sobre el cual descubrí mi misión de vida, cultivando, por una parte desde el quehacer jurídico, la cruda política con un sentido de bienestar común, me vinculé a un partido por convicción, fiel creyente en cada uno de sus miembros como acto res transformadores de una sociedad que debe volver la mirada a sus bases existenciales y de desarrollo sostenible, tecnológicamente avanzada, pero sin perder de vista el sentido humano; por otra la sana actividad deportiva desde la generación de un cultura de esgrimistas que lograron más allá de lo que jamás imaginé, llevando el nombre de nuestra nación a lugares y preseas inimaginables; a todos ellos, mi agradecimiento por su dedicación y esfuerzo, que no desfallezcan en sus ideales y en la continuidad de formación deportiva, equilibrio y disciplina necesarios para una vida plena.

A los seres humanos extraordinarios que acompañaron diariamente mi existencia, aunque era severo y lleno de exigencias, procurando inculcar la excelencia en su diario quehacer y que fueran conscientes de que podían aspirar a condiciones y oportunidades superiores, a ellos que, con humildad diaria y bondad de corazón me acompañaban en mis cuidados personales y de salud, rutinas de trabajo, mi profundo agradecimiento. Pequé de no decírselos diariamente, pero habré llegado a los años de vida que tengo gracias a la forma especial en que ellos me acompañaron a sobrellevar con suavidad mi condición corporal, convirtiéndose en leales amigos.

A mi madre y hermana, quienes con su mano maternal supieron llenarme de inmenso amor, excepcionales cada una con su personalidad, pero con dulzura y dedicación que no me hizo falta ni un instante, abnegación natural que me hacía sentir en la presencia de algo divino y único, no sé si me antecederé a ellas, pero si así sucede, no dudo que Dios vuelve a ser brillante en su elección de dejarlas en este espacio terrenal para que continúen desprendiendo su amor a ustedes y sus descendencias. Son Bienaventuradas, muchas mujeres han hecho el bien, pero mi madre sobrepasa a todas, se ha dado a sí misma en ofrenda de amor para otros, especialmente para mí y mis hermanos, hoy para ustedes sus nietos y bisnietos.

Recuerda que la vida no hay que ahorrarla, hay que vivirla plenamente bien, porque, sin saberlo, la naturaleza de nuestras circunstancias puede cambiar el giro de nuestra vida... Si con el tiempo guardas esta comunicación, y se te ocurre compartirla o leerla a alguien, hazlo cuando ya no esté físicamente. No siempre me siento a escribir de esta forma, pero hoy comprendo que Dios nos invita todos los días a ser luz para otros, a salir de las rutinas habituales y redescubrir todo lo bueno que tenemos en nosotros y todo lo bueno que tienen otros, que tocamos las vidas de otros y otros tocan las nuestras para algo, que la fórmula es sencilla: apreciar los momentos, apreciar quienes están a nuestro lado, el tiempo no se puede atrapar, mucho menos almacenar nuestra existencia, hay que mirar cada día con la adecuada actitud y consciencia clara de que no somos eternos, disfrutar el tenerse el uno al otro. Mira a tu alrededor, a todos los que están, todos los que entran en nuestras vidas y la hacen única, llena de bondad tu corazón y alegría tu entorno, sean luz para apreciar a los que están y guiar a los que vienen.

Por si alguna vez lo dudaron, amé y disfruté la familia que Dios me obsequió, seguirá siendo ‘un circo', como, bien sabes, les llamaba, pero al cual me incluyo y disfruté. Pequeño saltamontes, cuídate mucho y vive la vida hacia delante, guarda cada buen recuerdo en tu vida que te impulse a seguir, de lo malo me encargo yo y daré debida cuenta a Dios.

ABOGADO

*CORREO QUE LE MANDÓ ANÍBAL ILLUECA H. (Q.E.P.D.) A SU SOBRINA QUE VIVE EN GUATEMALA, DOS MESES Y MEDIO ANTES DE SU MUERTE POR UN PARO CARDÍACO.

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‘Mira a tu alrededor, a... todos los que entran en nuestras vidas y la hacen única, llena de bondad tu corazón y alegría tu entorno, sean luz para apreciar a los que están y guiar a los que vienen'