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28 de Jan de 2021

Gisela Pérez – Polo

Columnistas

¡Hosanna! ¡Crucifícale!

‘Piden la renuncia del magistrado, sin entrar a valorar qué representó para todos la valentía de él y la de Valdés Escoffery...'

‘¡No me amenace señor presidente!', decía molesto Erasmo Pinilla, cuando atendió la llamada del el expresidente Martinelli. ‘Nosotros, los magistrados del Tribunal Electoral, no vamos a hacer eso! ¡Si lo quiere pasar, páselo por la Asamblea!'.

El quinquenio pasado estuvo plagado de ataques contra el Tribunal Electoral. Violaciones a la intimidad, a través de escuchas. Utilizaron la información de la base de datos de la institución para fines políticos.

A un mes de las elecciones, todavía golpeaban a Pinilla, argumentando que no tenía la idoneidad para ejercer la profesión de abogado.

El magistrado presidente se mostraba incólume. Pero... ¿y su familia? ¿Su esposa, sus hijos, sus nietos, sus hermanos? ¿Alguien ha pensado en la tensión que producía ese ambiente hostil sobre los funcionarios?

Qué fácil es lanzar una expresión como ‘Nepo Pinilla'. Piden la renuncia del magistrado, sin entrar a valorar qué representó para todos la valentía de él y la de Valdés Escoffery.

Nadie ha entrado a valorar el desgaste emocional y físico de esos hombres que se enfrentaron al monstruo y soportaron estoicamente los embates por destruir la Institucionalidad Democrática.

De no haber existido un Pinilla, un Valdés, y ese equipo comprometido de funcionarios del Tribunal Electoral en el momento que nos encontrábamos, la reelección del CD hubiese sido segura.

Estaríamos viviendo carcelazos. Robo al erario, sicariatos a opositores al régimen.

¿Alguien ha medido lo que arriesgó el Tribunal Electoral y de lo que nos ha librado? ¡Qué ingrata que es la humanidad y qué corta memoria tenemos! Noventa y nueve buenas obras y una mala, y nos juzgan como a Jesucristo.

‘¡Hosanna, Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del Señor'. Era costumbre que la gente saliese al encuentro de los más importantes grupos de peregrinos cuando entraba en la ciudad. El Maestro Jesús recientemente había resucitado a Lázaro. Entraba en un humilde asno y tal era la euforia, que algunos extendieron su manto sobre el anca del animal. Otros, adelantándose, tendían sus mantos en el suelo para que el borrico pasase sobre ellos como sobre un tapiz, y muchos otros corrían por el camino a medida que adelantaban el cortejo hacia la ciudad, esparciendo ramas verdes a lo largo del trayecto y agitando ramos de olivo y de palma.

Nada quedó por intentar. Milagros, obras, palabras. Con tono de severidad algunas veces, indulgente otras... Jesús lo intentó todo. En la ciudad y en el campo, con gentes sencillas y con sabios doctores, en Galilea y en Judea...

Aquella entrada triunfal fue muy efímera. Los ramos verdes se marchitaron pronto. El hosanna entusiasta se transformó cinco días más tarde en un grito enfurecido: ‘¡Crucifícale!'. ¿Por qué tan brusca mudanza, por qué tanta inconsistencia? Para entenderlo, quizá tengamos que consultar nuestro propio corazón.

¡Qué diferentes voces son llamarle ahora Rey de Israel, y de ahí a pocos días: no tenemos más rey que el César! ¡Qué diferentes son los ramos verdes y la cruz, las flores y las espinas! A quien antes tendían por alfombra los vestidos propios, de allí a poco le desnudan y echaron suerte sobre su manto.

No ha sido suficiente pedir perdón y reconocer una falta. ‘¡Pinilla, amigo, el pueblo está contigo!'. Y en unos meses ‘¡Renuncia!', ‘¡Corrupto!'.

¿Se nos olvidó que Martinelli desnudó a esta sociedad y a la clase política? ¡Peligroso! Cuando abruptamente te develan la verdad, produce una conmoción tal, que te deja indefenso. Esa misma reacción causó Martinelli en la sociedad panameña. ¿Con qué propósito? Desarmarnos, bajarnos la moral, la autoestima. Para comprarnos con un jamón y acallarnos con $100 para los 70.

¿Para qué un victimario baja la moral y la autoestima a su víctima? Para esclavizarla y utilizarla cada vez que quiera.

El monstruo está vivo, herido, acorralado. Cuando la fiera se siente acorralada, mata... se come a su víctima.

¿No hemos entendido que tenemos un enemigo en común? Hasta que no matemos a la fiera, seremos su presa.

FINANCISTA