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28 de Mar de 2020

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Genaro López

Columnistas

Corrupción: ¿cuál es el problema?

Hay quienes suelen decir que la corrupción política se refiere al mal uso del poder para conseguir una ventaja ilegítima.

Hay quienes suelen decir que la corrupción política se refiere al mal uso del poder para conseguir una ventaja ilegítima, generalmente de forma secreta y privada. Asimismo, este fenómeno no se limita a los funcionarios. En cada acto de corrupción hay corruptos y corruptores. Pero, ¿el problema es el sistema o los que participan de él?

Quienes creen que la corrupción no es parte del sistema, sino conductas individuales, plantean que el término opuesto a corrupción política es transparencia, por ende la tarea es avanzar en transparencia como base para combatir la corrupción.

Juan López Caballero, sociólogo, señalaba que ‘Mientras sobreviva y subyazca la noción de que el mercado es el creador del mejor orden y, en ausencia de un Estado fuerte, organizado alrededor de un modelo de desarrollo, lo previsible es que esa corrupción se manifestará en todos los frentes'. López expresa que ‘No hay día en que no aparezcan nuevos escándalos que, aunque presentados solo como fruto de abusos de los funcionarios públicos, tienen necesariamente un complemento en los actores privados. En otras palabras, es posible que sea más correcto ver el problema como el de una cultura o un modelo de sociedad y de economía basado en la corrupción, que una deformación de algunas ‘manzanas podridas' que se toman el sector político y el sector oficial'. Afirma finalmente, que hoy nos sentimos en el reino de la corrupción y no sabemos a qué atribuirlo. Buscamos chivos expiatorios, sin intentar siquiera encontrar alguna explicación de por qué se ha multiplicado en esa forma. Por donde deberíamos empezar es por reconocer que ese aumento en esa modalidad de delitos es coincidente con la implantación del modelo neoliberal, y con el avance de los intereses de a quién él beneficia. Por lo tanto, es interesante buscar cómo se explica esa correlación.

En Panamá, la corrupción es galopante, no es solo del Gobierno anterior, sino de todos los que los han sucedido y el actual presenta los mismos vicios. No es solo en el Ejecutivo, sino también en el Legislativo y Judicial. No es solo de la esfera pública, sino también de la privada. No es de un partido político tradicional, sino de toda la partidocracia. Esta realidad ha llevado a Frenadeso a catalogar el escenario como de crisis institucional, ‘una crisis del sistema que no solo tolera estas prácticas delincuenciales, sino que las promueve, mientras pone a andar la gran maquinaria institucional, publicitaria y de medios de comunicación para manipular a la opinión pública.../ ... Por eso es que se oculta la verdadera dimensión de la crisis que vivimos, mientras los medios, como en el pasado, se hayan más interesados en sembrar falsas expectativas...'.

Insiste Frenadeso, ‘El sistema está herido de muerte. La gobernabilidad solo se sostiene por las componendas más inverosímiles entre los partidos burgueses, que tienen entre sus principales ingredientes la impunidad, la manipulación mediática, el nepotismo, los negociados, los acuerdos de recámara entre los componentes de la mafiocracia reinante y, si se hace necesario, el uso de la represión contra el pueblo rebelde, tal como ha acontecido en cada uno de los Gobiernos que se han sucedido'.

En este escenario, las llamadas fuerzas de recambio (sociedad civil e independientes) que promueven los grupos de poder económico ante la crisis institucional inicia un proceso de descrédito ante la conducta que han asumido algunos de sus miembros incorporados en las esferas de Gobierno. Se trata de las mismas prácticas nefastas de corrupción, nepotismo, viajes y silencio cómplice frente a cuestionables decisiones del quehacer público.

En definitiva, tenemos ante nosotros una serie de realidades escandalosas, pero inscritas en la lógica misma del capitalismo neoliberal que atestiguan cómo funcionan las instituciones políticas y los sectores dominantes.

La única salida real para acabar con este estado de situación, obligatoriamente pasa por crear las condiciones para la autoconvocatoria por parte del pueblo de una Asamblea Constituyente Originaria soberana con plenos poderes, capaz de fundar una nueva república.

*SECRETARIO GENERAL DE CONUSI-FRENADESO.