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26 de Oct de 2020

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Redacción La Estrella de Panamá

Columnistas

Una jornada sangrienta

Condenamos enérgicamente los atentados y a quienes los perpetraron. No hay religión que justifique que matar a inocentes es un acto de fe

El día de ayer, 26 de junio de 2015, será recordado como uno de los más sangrientos de los últimos tiempos. En tres escenarios distintos —Túnez, Kuwait y Francia— se dieron sucesos violentos que arrojaron 65 muertos y 263 heridos. Todas estas muertes, vinculadas al terrorismo y al odio religioso. Es lamentable que a estas alturas del tiempo, en pleno siglo XXI, el ser humano no tenga la capacidad de entenderse ni de respetar las creencias de los demás. Quienes cometen estos actos de violencia, aseguran que lo hacen por defender su fe y doctrina. Sin embargo, no hay religión verdadera que exalte la violencia ni la muerte. Lo único que ocasionan acciones como estas es continuar y extender una espiral de terror y resentimiento. Un verdadero líder no requiere de las armas ni de la sangre para extender su mensaje, sea cual sea, religioso o político. Lo de ayer fue, sin duda, un acto de cobardía. Una bofetada a la civilización humana. Desde estas líneas, condenamos enérgicamente estos atentados y a los miserables que los perpetraron. No hay religión que justifique que matar a inocentes es un acto de fe. ¿Hasta cuándo?