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07 de May de 2021

Franklin Paz Rodríguez

Columnistas

Noriega: onanismo del perdón

Las reflexiones, que sirvieron para extender la noticia en la televisión, sobrepasaron en su interpretación lo escueto del texto leído

El convicto Manuel Antonio Noriega ofreció, frente a un periodista entrevistador que insistía en darle tratamiento de ‘general', la lectura de una declaración de perdón el 24 de junio de 2015 bajo la expectativa mediática y el ‘hashtag' #26AñosDespués.

Las reflexiones, que sirvieron para extender la noticia en la televisión, sobrepasaron en su interpretación lo escueto del texto leído. El mismo arzobispo lo elogió con las palabras ‘tiene un gran valor el aceptar la culpa'. Me permito diferir con monseñor Ulloa y con todos los que alaban el acto de perdón en cuestión. ¿Qué debería incluir un proceso de perdón y reconciliación?

Primero, la reflexión personal sobre el bien y el mal hecho: Aquí, ni yo ni nadie puede cuestionar la sinceridad del proceso interior que haya recorrido con su espíritu el señor Noriega.

Segundo, la aceptación expresa, en primera persona, del mal objetivo que cometimos: Lo que esperábamos escuchar era: ‘Pido perdón, porque yo mismo cometí o bajo mis órdenes directas se cometieron los siguientes delitos y crímenes...'. Pero lo que el convicto dijo fue: ‘Pido perdón a toda persona que se sienta ofendida, afectada, perjudicada o humillada por mis acciones o la de mis superiores en el cumplimiento de órdenes, o la de mis subalternos en ese mismo estatus, y en el tiempo de la responsabilidad de mi Gobierno civil y militar'.

¿Qué diferencias de fondo hay? Evade la aceptación explícita y pasa a acciones sin detallar. ¿Aceptarías estas palabras de perdón a los exfuncionarios que recientemente están siendo imputados en delitos?

El mal no es un acto objetivo que él asume, sino subjetivo. Pide perdón a quienes ‘sientan' que fueron perjudicados.

Evade la responsabilidad personal con su escala de valores propia del cumplimiento de las órdenes, inadmisible en un proceso de perdón en el que la contraparte no se adhiere a ese código militar.

Señor Noriega: Aquí, además de gente ofendida o humillada, hay gente muerta y desaparecida. ¿Podría indicarme de qué crímenes usted se reconoció culpable ante los tribunales panameños?

Tercero, reparar el daño. (Si rompo una ventana, pago la ventana y un poco más, porque la alfombra se mojó en los días que no había ventana). En este tema sí que escuchamos a Noriega sacando cuentas e indicando que él ya fue juzgado en ausencia y que los 20 años que cumplió por crímenes de tráfico de drogas y lavado de dinero deben contársele de modo simultáneo a la cuenta de los crímenes de asesinato porque fue imputado. Me pregunto: La solemnidad de su lectura, la cobertura mediática, ¿tenía como intención el perdón o la solicitud de libertad?

Cuarto, y más importante, en un proceso de perdón: al pedir el perdón al otro, escuchar de la contraparte: ‘Yo te perdono', porque la contraparte también necesita poder perdonar. El perdón implica siempre a dos personas, nunca puede ser de una sola vía, como la lectura solemne y unilateral que hizo Noriega. Ni siquiera el afectado puede verdaderamente perdonar al agresor sin recibir de él su arrepentimiento.