22 de Feb de 2020

Omar Antonio Ángel

Columnistas

Un café más amargo de lo común

Una mañana cualquiera en el calendario, como es costumbre, me cité con unos viejos amigos para tomarnos un café

Una mañana cualquiera en el calendario, como es costumbre, me cité con unos viejos amigos para tomarnos un café y hablar de qué están haciendo, si sus familias están bien, si hay miembros nuevos y cosas que comentan los hombres en sus reuniones.

Sin duda el tema obligado es el acontecer nacional. De pronto el café se tornó amargo entre los parlantes, la economía está bien, pero hay una percepción de que aparentemente no está llegando a tiempo o no está enfocada en temas de interés nacional, concluyeron.

Al conversar sobre la justicia, ya el café no se podía beber. Además de estar frío, apareció un afrecho que raspaba la garganta de todos.

Las quejas y el malestar era una aparente justicia selectiva, solo algunos en la cárcel, pero los que tienen amigos y son allegados al poder gozan de plena libertades, paseándose con los bolsillos llenos de los recursos de todos los panameños que hoy claman por agua, alimentos, salud y soluciones básicas para sus comunidades.

En todos pude leer, corporalmente, su incomodidad por lo que ocurre en la Corte Suprema de Justicia, que haciendo uso de tantos argumentos legales no llama a los verdaderos responsables del robo más grande que le han hecho al país y que ocurrió en la pasada administración. Coincidieron en que en la actual administración también hay caos de corrupción y que son protegidos políticamente.

Y así salieron a relucir la supuesta venta de fallos, amparos interpuestos que llevan años sin resolverse, otros a paso de tortuga y mientras esto ocurre, un fugitivo que anda de gira y que se siente más cómodo que cualquier panameño honesto y trabajador.

Pero no todo fue malo, logramos pedir otro café, caliente, fresco y sin sedimentos, bien colado. Así cobramos el ánimo y la esperanza de un país mejor, que pase por la coladera a los corruptos y deseche a los protegidos y con la fe plena en una justicia ciega.

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