26 de Feb de 2020

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Ernesto A. Holder

Columnistas

¿Quién eres en la guerra?

‘Place de la République o en el tranque del Corredor Norte: Gobierno y ciudadano, piensa bien antes de actuar'

¿Quién eres en la guerra?
¿Quién eres en la guerra?

Después del asombro, la indignación, el dolor y las muestras de solidaridad humana sobre los hechos ocurridos en París el pasado viernes 13 de noviembre, como otros eventos similares en el pasado, nos deben hacer pensar primordialmente en dos cosas: 1- nuestro papel en el escenario internacional como grupo (país); y 2- nuestro papel y conducta como individuos.

Sobre el primero, abundantes y claras han sido las críticas sobre la postura, el representación nuestra, del Gobierno panameño. Esa postura, como las críticas a favor o en contra, ha dejado en evidencia muchas desventajas. Lo indefinido y confuso de nuestra política internacional y la ausencia de una filosofía, una política diplomática internacional del país sobre la cual debe descansar nuestra diplomacia en un mundo tan enredado y peligroso.

Muchas personas hacen referencia al Tratado de Neutralidad (1977) y han mencionado el Canal y la posición geográfica como puntos de vulnerabilidad que deben ser considerados por las autoridades antes de abrir la boca y comprometer al Estado. Pero, sería bueno que reflexionáramos sobre las consecuencias que ofrecen otras situaciones que precisamente los Gobiernos no han podido resolver. Incluso las que están a la vista de todos.

¿Sabrán las autoridades que los tranques de todos las mañanas y todos las tardes (y las del resto del día), en el sector este, el oeste y en medio de la ciudad, son una grave amenaza a la seguridad ciudadana? (cierre los ojos y piénsenlo por un momento). Todas estas tarde me toma dos horas llegar a mi casa en un recorrido que, bajo condiciones normales hace algunos años, no tomaba más de 40 minutos o menos.

Grave, muy grave, es que el Estado, por intermedio de los organismos de seguridad, no establece las operaciones que puedan manejar amenazas como estas y los canales de comunicación para difundir las acciones a tomar. Desmenuzar de manera educativa para el común de los nacionales, las razones por las cuales debemos estar vigilantes, los peligros presentes (sin exageraciones ni especulaciones) y ofrecer los elementos necesarios para que el común del ciudadano sepa cómo proceder en caso de un evento de esta magnitud.

Los temas que nos llevan a tratar de entender la situación que generó los ataques en París, solo se discuten con seriedad en una capa social muy reducida de la población. Eso con el objetivo de tener una visión medianamente educada de un problema que no parece tener fin en los próximos años. No es tema de las capas sociales que sus vidas se debaten entre los problemas cotidianos. Para la gran mayoría, cuando no tienes agua por semanas, tienes que tomar un sistema de trasporte ineficiente o el seleccionado nacional perdió el juego de fútbol, poca importancia tienen eventos como los de París y sus ramificaciones.

Pero volviendo al tema, la desinformación es un elemento crucial en cualquier guerra. Ahora más fácil y más efectiva con las nuevas tecnologías. Por lo que he podido ver en las redes sociales y en los medios tradicionales, los que opinan con prudencia, descansan sobre diversas fuentes de información internacional y sobre la opinión de expertos nacionales que nos pueden dar la perspectiva que nos debe interesar como panameños. No abren la boca, ni retuitean una información sin reflexionar; entendiendo que lo que divulgan, debe ser una perspectiva educada sobre un tema demasiado complejo.

Pero también están los que opinan sin fundamento. Comentan sobre el comentario de otro únicamente desde su posición de derecho a opinar. No importa si sabe de lo que está hablando o no. Eso lo comenté la semana pasada. Lo hacen con seriedad y se ofenden si alguien los emplaza.

Si no sabes quién eres, lo más probable es que llegues a ser lo que otro quiere que seas. Eso es parte de la guerra. Utilizar el miedo y la desinformación como ventaja para ganar terreno en las mentes con pocos argumentos. En el acto de retuitear o colocar en las redes sociales información que no has validado de fuentes desconocidas y poco objetivas; de opinar desde la perspectiva de tus creencias religiosas o políticas sectarias, no haces más que contribuir a que el mundo sea más peligroso para todos. En la Place de la République o en el tranque del Corredor Norte: Gobierno y ciudadano, piensa bien antes de actuar.

COMUNICADOR SOCIAL.