Temas Especiales

29 de Oct de 2020

John A. Bennett N.

Columnistas

Entre deuda pública y privada hay un abismo

A lrededor del mundo estamos viendo el destino final de desbocados gastos centrales que exigen un compromiso de deuda para nuestros hijos

A lrededor del mundo estamos viendo el destino final de desbocados gastos centrales que exigen un compromiso de deuda para nuestros hijos, nietos y más allá: ¿estarán los beneficios de todo ello a la par con sus costos? Pero lo más curioso es la cantidad de grupos ideológicos que se oponen furibundos a cualquier política de austeridad; o a lo menos de sensatez en el gasto central. ¿Qué hay detrás de todo ello? El caso que se discute acremente en el Parlamento inglés es ilustrativo de todo ello; en donde grupos de izquierda del Partido Laboral alegan que la contención del gasto es un error, debido a que presupone que los ingresos permanecerán estáticos. La tesis es que el gasto productivo de hoy proveerá los fondos de repago de mañana; pero... ¿serán productivas esas ‘inversiones ' de hoy?, particularmente cuando vemos la politiquería que existe en todo ello.

La realidad es que el pedir prestado en sí no es cosa ni buena ni mala, todo depende de cómo se hace. Existen dos fuentes típicas para fondos de inversión: una viene del ahorro y la otra de pedir prestado. Uno requiere ser austero, particularmente en gastos de manteca; el otro simplemente requiere tener mayoría parlamentaria y tal, y la adoración de un pueblo que por clama desechos de la mesa del banquete. ¿Pero cuántos se fijan en los costos del servicio de la deuda? Y más aún, de la eminente posibilidad de aumentos sustanciales en las tasas de intereses.

Pero la diferencia que debía interesarnos entre deuda central y privada es que una afecta a toda la población y la otra a cada quien. Una viene con ribetes politiqueros y la otra con frío cálculo productivo. Una afecta los impuestos y la otra contribución impositiva. Y al final del día la gran pregunta sería: ¿cuál de las dos tiene mejor probabilidad de ayudar a los que menos tienen? Los ejemplos abundan, pero si tomamos el de Lenin en la Unión Soviética, veremos que le quitó a los del agro para alimentar a los citadinos; lo cual era una especie de ‘préstamo '. Y lo podrido es que todo ello se hizo en contra de la voluntad de los agricultores que ‘prestaban '.

En la actualidad el dogma que impera es de la filosofía keynesiana, y si examinamos la diferencia entre lo que hacía Lenin veremos que es minúscula. La expansión monetaria devalúa la moneda y es pedir prestado a los viejitos y tal, para supuestamente una producción que jamás llega; o que al final del día tiene graves fallas. Es un impuesto escondido e ilegal. Peor aún es que encierra una ventaja ladina para quienes están más cercanos al vertedero de esos billetes falsificados por el Gobierno. Por un lado, el pueblo no se entera, porque no entiende; y por el otro, le dicen que le están quitando al rico para una redistribución. ¡Qué ilusos!

Al final del día el problema se reduce a un desecho de imperativos morales, y ello arrastra con sí la economía sana. El caso clásico y dramático fue la eliminación de la propiedad privada en Rusia que le quitó al ciudadano su albedrío para ser reemplazado por el de los politicastros. Destruyeron el mercado y allí están los resultados para quien quiere verlos.

La política que impera en nuestro país desde casi siempre es la de un sistema central que escoge ganadores y perdedores. Si la carretera va para Valle Rico, los de Valle Pobre se friegan. En contraposición, el mercado siempre va al consumidor; que somos todos.

EMPRESARIO