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20 de Oct de 2020

Luis Manuel Arce

Columnistas

La encrucijada siria (III)

Se sabe, por supuesto, que el presidente Barack Obama estaba en desacuerdo con esa megaobra ruso-turca

Se sabe, por supuesto, que el presidente Barack Obama estaba en desacuerdo con esa megaobra ruso-turca y le había pedido a Erdogan en comunicación del 22 de julio que se retirara del gasoducto, pero este desobedeció la orden y siguió en el plan con Moscú.

Hay muchas especulaciones sobre el propósito del derribo y a quién beneficia o perjudica, si Erdogan actuó por su cuenta o estuvo dirigido por alguien, si fue un intento de Turquía de sacar a los rusos de la zona donde se pretendía crear un nuevo Kurdistán, o de Europa e Israel para ocupar una zona de Siria tal como hicieron los aliados con Berlín en 1945, e incluso si fue una orden dada por la OTAN de la que Turquía es miembro.

Seguramente para el presidente Putin y el gobierno ruso no hay misterios ni especulaciones, y el propio mandatario dijo de forma muy clara y específica que ellos sabían qué tenían que hacer. La cuenta no sacada por quienes idearon el incidente es que con el derribo del avión Rusia tiene ahora en sus manos todas las razones necesarias para justificar un incremento de su presencia militar en Siria donde ya desplegó sus modernos cohetes antiaéreos S-400.

También le sirvió para dejar a un lado el compromiso y la retórica diplomática con Turquía por el tema del gasoducto, y desenmascarar ante el mundo la corrupción que ahoga al gobierno de Erdogan, en qué medida se aprovecha de la situación siria para enriquecerse con su petróleo y financiar a al-Qaeda, Hermanos Musulmanes y el Estado Islámico al que dice combatir.

El derribo del avión ha frenado también los planes de Israel, Francia y Reino Unido de crear un nuevo Kurdistán, y debe traer también fatales consecuencias a Tel Aviv en sus planes de poder explotar el yacimiento de gas descubierto en 2010 frente a las costas de Puerto Haifa de 16 billones de pies cúbicos el cual nombraron Leviatán por sus monstruosas dimensiones, pues está en una zona demasiado peligrosa para los inversionistas.

En ese caso específico, Tel Aviv comprende que, en estos momentos, la extracción y comercialización del gas de Leviatán depende de la evolución de la guerra en Siria y del papel militar preponderante de Rusia. Todo este entorno explica en parte por qué quienes han creado y aupado a grupos terroristas como el Estado Islámico o al Qaeda les temen como el propio doctor Víctor Frankeisten a su creación monstruosa que al final lo asesinó, y anuncian ahora acciones militares contra ellos después de años de tolerar crímenes, bombardeos y saqueos que han dejado a Siria en ruinas y creado una avalancha de refugiados más angustiante y deprimente que el éxodo de Egipto.

Paradojas de la historia, los mismos protagonistas de la toma de Berlín en 1945, incluida Alemania que curiosamente se incorpora a la alianza después del derribo del avión ruso, están en Siria en estos momentos, aunque esta vez no parece que para terminar la guerra, sino para hacerla más encarnizada y quizás para expandirla.

Hay una cruenta batalla por el control de Siria como la hubo por Berlín pero, como entonces, es solamente la punta del iceberg.

Siria es el teatro circunstancial de los hechos. Lo grave es que la han convertido en la encrucijada que lleva a la paz o la guerra euroasiática y norteamericana, la primera impulsada por quienes luchan por una responsabilidad compartida en un mundo multipolar, la segunda y más salvaje que el hombre viene enfrentando desde que empezó a caminar, por aquellos que siguen obstinados en un control unipolar del universo.

ANALISTA